lunes, 21 de mayo de 2012

Fetichismos: se necesita coraje para ser uno mismo

Estaba viendo de nuevo el video del chico fetichista de los globos, y sólo viendo la evolución de la expresión de su cara a lo largo del reportaje se me plantean un montón de cuestiones, sobre la sexualidad humana, sobre la hipocresía social, sobre la salud emocional, sobre lo aceptable y lo inaceptable, sobre las emociones, los subidones, la adrenalina y el placer, y he llegado a una conclusión: que se necesita mucho coraje para comprender y aceptar que se es fetichista.

 1. Unas notas sobre la sexualidad humana: conceptos.

La OMS define la sexualidad como: "Un aspecto central del ser humano, presente a lo largo de su vida. Abarca al sexo, las identidades y los papeles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual. Se vive y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, papeles y relaciones interpersonales. La sexualidad puede incluir todas estas dimensiones, no obstante, no todas ellas se vivencian o se expresan siempre. La sexualidad está influida por la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales, éticos, legales, históricos, religiosos y espirituales."

La sexualidad es, por tanto, mucho más que sexo, mucho más que genitales, mucho más que genética, y por lo tanto mucho más difícil de poner debajo del foco para cuestionarnos si es o no aceptable en sus formas de expresarse. Acordamos que hay formas de sexualidad que por implicar a inocentes, o por no existir un consentimiento entre personas adultas, no son aceptables (pedofilia, zoofilia, abuso sexual a cualquier edad) pero a partir de ahí, la variedad de estímulos que pueden provocar excitación es tan grande como grande es este mundo.

 2. Descubrir la propia sexualidad

La sexualidad se descubre a una edad muy temprana, desde el momento en el que empezamos a ser conscientes de determinados estímulos que recibimos del exterior y de los efectos placenteros que nos producen. No voy a exponer aquí ninguna de las teorías psicológicas sobre el desarrollo sexual, sus fases, etc, simplemente quiero apuntar que en su inicio, en su despertar, la sexualidad es un asunto privado, individual, de uno mismo frente al mundo, sin que necesariamente tengan que intervenir otras personas.

 3. Un secreto

El problema empieza cuando, al relacionarnos con otras personas, descubrimos que eso que nos resulta tan placentero a nosotros, para los demás no lo es, y que incluso produce rechazo. Y entonces es cuando decidimos guardar nuestro secreto, preservar nuestra sexualidad de miradas indiscretas por temor a ser rechazados por las personas que nos importan. No podemos despreciar la influencia que supone la aceptación social, y la presión que eso supone que nos lleva a intentar olvidar, descartar, apartar de nosotros esos estímulos que nos provocan reacciones indeseables, viviendo durante bastante tiempo en el placer culpable. No es fácil ser diferente, no es fácil exponer nuestra intimidad al juicio de los demás, y al final ese secreto puede llevarnos al auto-rechazo, a creer que de verdad somos unos enfermos sexuales, y sobretodo, que no tenemos expiación posible... y es que esa reacción no desaparece por más que intentamos guardarla en el armario.

4. Arriesgarse a ser ¿soy un ser depravado, un enfermo?

En algún momento se produce la conciencia de lo inevitable: somos así, nos guste o no. Por más que nos ocultemos, por más que nos sintamos culpables, el placer que encontramos al dejarnos llevar por la excitación de esos estímulos es algo que nos hace sentir bien... al menos durante el tiempo en que no nos preocupamos de lo que puedan pensar los demás. Hay una parte de nosotros que se niega a aceptar que algo que nos hace sentir tan bien sea algo malo, y hay que agradecer a la aparición de internet el que se pueda buscar información acerca de aquello que nos apasiona, y llegamos a la conclusión de que no estamos solos, de que hay otras personas que disfrutan con las mismas cosas que nosotros y eso, por primera vez, nos produce una gran sensación de alivio: no somos unos bichos raros y enfermos, porque no puede ser que tanta gente esté enferma de lo mismo ¿verdad? Y los demás parecen tan normales...

Superar la culpa y la mortificación requiere de valor, del valor de aceptarse tal como se es... pero esto no es suficiente, porque ahora ya sabemos que no somos abominables, pero ¿lo saben los demás?

5. Arriesgarse a compartir, enfrentarse a la sociedad 

Y aquí empieza el difícil camino de decidir si lo contamos o no lo contamos, y a quien se lo contamos. Empezamos con lo fácil: los chats, los foros, las webs, que nos permiten mantener el anonimato y empezar a comentar, interactuar con otras personas que sienten lo mismo que nosotros. Por más extraño que sea el estímulo que nos excita, encontramos en nuestros camaradas esa aceptación, esa normalidad que tanto necesitamos. Poder hablar de lo que nos gusta en todas sus variantes sin ser juzgado como anormal es algo que nos conforta. 

Esto nos motiva a seguir explorando, a vivir esa sexualidad con plenitud, y en la intimidad de nuestro dormitorio somos felices al disfrutar de ello sin recriminarnos nada. Pero desgraciadamente puede ser que nuestra sexualidad requiera de la intervención de otra persona, y aquí la cosa se complica... ¿nos atrevemos a mostrarnos cara a cara a otra persona y compartir aquello que nos excita? ¿me aceptará? ¿me aceptaré en esa situación, me sentiré extraño, absurdo, repudiado? 

Se requiere de mucho coraje par dar este paso, para abrirse a otras personas incluso sabiendo que comparten nuestro interés o nuestra sexualidad, y eso es porque no se trata simplemente de sexo, la sexualidad con otra persona implica relación, interacción emocional, es mostrarnos vulnerables en la situación en la que más daño nos pueden hacer.

6. ¿Sexualidad solitaria o compartida? 

Aquí es cuando se produce la decisión. Incluso en el caso de fetichismos o estímulos claramente individuales (como es el caso de determinados objetos), sentimos la necesidad de interactuar socialmente, de recibir esa aceptación, esa complicidad, incluso de desarrollar nuestra sexualidad más allá de lo que conocíamos. Pero esa misma necesidad puede resultar aterradora, y llegar a decidir vivir en solitario nuestra sexualidad.

Esto no es necesariamente algo perjudicial. Cuando leo que lo peligroso es llegar al punto en que no sientas excitación sexual fuera de tu fetiche, o que incluso no necesites a nadie más para disfrutar de tu sexualidad, me pregunto ¿y qué más da?¿por qué si la sexualidad es algo inherente, individual, privado e íntimo la persona no puede decidir vivirla en la esfera de lo personal, sin implicar a nadie más? 

Parece que haya una especie de norma no escrita en la que todo el mundo tiene que encontrar a alguien (del mismo sexo o de otro), con quien compartir su sexualidad, sus emociones, sus pensamientos, pero a mi me parece del todo posible tener un buen equilibrio interior sin tener compañeros sexuales. La sexualidad es suficientemente amplia como para admitir todo tipo de interacciones, incluída la falta de personas, y eso no implica que la persona no pueda sentir afectividad, compartir emociones, exponer sus opiniones, tener sueños, ilusiones, y sentirse pleno y satisfecho. Igual que la soltería, el celibato, y otras opciones son respetables, vivir un fetiche en solitario también lo es.

Lo que sí me parece limitante en este caso es tomar esta decisión por miedo, por temor a los demás, a las situaciones compartidas. No es fácil encontrar a alguien compatible, no solo a nivel sexual, y entiendo que después de varias ocasiones de intentarlo, de varias decepciones, uno decida seguir su camino en solitario... pero esto no es miedo, miedo es cuando ni siquiera nos atrevemos a intentarlo.

7. Una purita cuestión de autoestima y de confianza

Volvemos a las definiciones: 

"La autoestima es un conjunto de percepciones, pensamientos, evaluaciones, sentimientos y tendencias de comportamiento dirigidas hacia nosotros mismos, hacia nuestra manera de ser y de comportarnos, y hacia los rasgos de nuestro cuerpo y nuestro carácter. En resumen, es la percepción evaluativa de sí mismo.

La importancia de la autoestima estriba en que concierne a nuestro ser, a nuestra manera de ser y al sentido de nuestra valía personal. Por lo tanto, puede afectar a nuestra manera de estar y actuar en el mundo y de relacionarnos con los demás. Nada en nuestra manera de pensar, de sentir, de decidir y de actuar escapa a la influencia de la autoestima.

La necesidad de aprecio, se divide en dos aspectos, el aprecio que se tiene uno mismo (amor propio, confianza, pericia, suficiencia, etc.), y el respeto y estimación que se recibe de otras personas (reconocimiento, aceptación, etc.)."


Desde mi punto de vista, nuestra autoestima crece cuando aprendemos a aceptarnos, cuando no nos juzgamos por ser como somos, cuando somos capaces de ponernos delante de otra persona y decirle "así soy", cuando nos damos cuenta de que todo ese miedo que teníamos a contar nuestro secreto en muchos casos era infundado (no digo que haya que salir a la calle a gritarlo, sino que hay personas de nuestro entorno cercano que nos aceptarán, incluso aunque no entiendan nuestra sexualidad), cuando nos atrevemos a compartir nuestra sexualidad con otra persona (puede salir mejor o peor, no hay garantías, pero la sensación de liberación es impagable), cuando nos atrevemos a vivir nuestra sexualidad a nuestra manera, sin miedos que nos limiten. 

De aquí pueden surgir todas las opciones personales: vivirla en privado, en público, en singular o en plural, en amateur o en profesional, pero con honestidad, con confianza en que, sea cual sea nuestra sexualidad, nuestro valor como personas no se deriva directamente de ello, sino de como lo vivamos.

Y es que la sexualidad no es algo que uno practica, es algo que uno es.


domingo, 20 de mayo de 2012

Paren el BDSM que yo me bajo

"Nunca pertenecería a un club que tuviera a un miembro como yo." 
Groucho Marx

Es un pensamiento que me viene recurrentemente cuando me doy una vuelta por el paraíso bedesemero, y es que cuando entré en este mundillo lo hice con calzador, y transcurridos unos años sigo sintiendo que me aprieta en algún callo que otro. Y es que esas siglas engloban demasiadas cosas, demasiadas formas de definir lo que no resulta sencillo definir, incluso algunas mutuamente excluyentes y en muchas de ellas no me siento identificada.

Creo que se ha intentado hacer una mega-super-ultra clasificación donde cupiera todo lo que, hasta ahora, no tuviera una aceptación social amplia, un mega-pack a la espera de la próxima revolución social en la que todo este pack se aceptara como un todo, y dentro de este todo hay demasiadas sombras esperando. Los intentos para establecer las características comunes han sido bastante baladí, y creo que en lo único en lo que nos podríamos poner todos de acuerdo es en el tema del consensuado.

Por eso rompo una lanza en favor de dejar de hablar de qué es lo que somos en conjunto, para intentar definir simplemente como es cada cual, y nos ahorraremos muchas discusiones sobre si tú sí, o si tú no. Estoy muy de acuerdo con el escrito de machi{AmAly} y con la respuesta de navegante, de que en este mundillo del BDSM se ocultan sombras como el abuso, la venganza, la manipulación, la baja autoestima (en ambos roles), la borrachera de poder, la obsesión enfermiza, la falsa confianza, la fantasía absurda, el acoso sexual, la pantomima social, la prostitución encubierta, la lucha de poder no erótica, la tortura psicológica, el chantaje emocional, y muchas más, en manos de quienes aducen inocencia argumentando que eso también forma parte del BDSM.

Pues yo me apeo del BDSM, prefiero hablar de tipos de sexualidad, tipos de relaciones, tipos de personas, tipos de comportamiento, tipos de juegos, etc, es decir, seguir hablando de personas en lugar de comunidades que no son tal. Defender una comunidad tan amplia obliga a meter con calzador muchas opciones personales, y a descartar otras que, siendo igualmente importantes para la persona, no terminan de encajar, y aquí estoy pensando por ejemplo a cuando se habla de romanticismo en el BDSM, a los switch que se les denomina "ni chicha ni limoná", a la sexualidad vainilla y otras.

Seguiré defendiendo que compartir lo que sentimos con otras personas, lo que pensamos, y la manera en que vivimos nuestra sexualidad promueve el sentido propio de normalidad, nos aleja del estigma de bichos raros, o aun peor, de enfermos, y eso se consigue a través de personas de confianza para nosotros, con independencia de que pertenezcan a ese mundo del BDSM o no. Es más, ahora mismo hay tal cantidad de opciones diferentes de pensamiento dentro del BDSM que intentar encontrar reafirmación ahí dentro es como buscar una aguja en un pajar.

O sea que a partir de aquí voy a hablar de lo que observo, de lo que me parece curioso, interesante, de lo que me gusta y de lo que no, pero para nada de si algo es BDSM o no lo es, o si tiene que estar dentro o fuera, eso cada cual que lo decida por si mismo... yo por lo pronto estoy fuera.


Taking Bdsm seriously (o tomarse en serio el Bdsm)

Hace algunas semanas, en una de mis vueltas al mundo de los blogs de Bdsm, me quedé un poco perplejo. La razón fue la frivolidad de algunas de las cosas que leí. Y es que pareciera que la gente que practica Bdsm – algunas de ellas, no todas, claro – en ocasiones no se tomara suficientemente en serio a sí mismas, y menos aun a las demás. Desde luego, no tengo nada en contra de quienes relatan fantasías de cualquier tipo.

Por supuesto, alguien puede vivir permanentemente instalado en sus fantasías, escribir como si fueran reales, y no salirse ni una línea del guión. Pero me pregunto qué hacen esas personas cuando tienen que tomar decisiones importantes con las personas con quienes comparten sus “actividades”. Cuando tienen que relacionarse con personas, con su contra-parte sumisa, ¿o acaso no los consideran ni personas? ¿O las consideran personas menores de edad, incapaces de gestionarse a sí mismas? Lo digo porque parece que hay gente que quiere ser y quiere tener a su disposición a un pelele, un pusilánime, algo así como un muñeco hinchable al que no hay que cambiarle las pilas, o la mujer con la pata quebrada de hace no demasiados años. Anulando completamente la personalidad del otro. 

Supongo que las opciones son tres: a) se trata de una pareja de juegos esporádicos. Terminada la “sesión”, tú a tu casa, yo a la mía, y Dios a la de todos; b) quien relata algo así, en realidad está metiendo mucho de su fantasías; c) es verdad que hace lo que dice que hace, y entonces me preocupa (por decirlo suavemente, pero este no es hoy el punto).

Lo primero es que hay que distinguir entre quienes se encuentran esporádicamente para jugar y no mantienen ni pretenden nada más a nivel afectivo que una simple relación de “amistad”. Cuando el mundo en el que puedo abusar de ti de la manera más brutal imaginable dura de cinco a siete y se limita a la habitación de un hotel, y si la gente no se vuelve demasiado loca (produciendo daños serios), no hay mayor problema. La condición de ser reducido a la nada se acaba en el momento que se despiden. Digamos que el mundo en que se es “libre” se recupera, y uno puede cuidar de su propio bienestar.

Pero cuando la cosa se lleva más allá, y no se trata simplemente de una forma diferente de tener sexo las cosas cambian, radicalmente. No es necesario ser una pareja: basta con que la relación no se limite a un determinado horario, sino que una de las partes pretenda tener potestades sobre el comportamiento de la otra durante las 24 horas del día. Y aquí, de esta forma, se puede ser muy feliz: lo digo por experiencia propia. Eso sí, siempre que se tenga al lado a alguien que se preocupe realmente por el bienestar de la parte sumisa. 

Y es que encuentro gente que afirma que está en el Bdsm, sencillamente, para aprovecharse de su pareja (¿pareja?). O que pretenden firmar un contrato (dicho sea de paso, no tienen ningún valor legal) en el que se convierte a una persona en objeto de tráfico mercantil , obviamente sin ninguna intermediación de la voluntad de la parte sumisa. Lo que normalmente se llama trata de blancas, vamos. 

Lo malo es que el Bdsm da una apariencia de legitimidad y consensualidad a cosas que no parecen ni legítimas, ni consensuadas. Pero ese no es el punto. Lo que quiero decir es que, como soy un chico muy bienpensado y no me creo que la gente realmente piense así, creo que el problema es que no nos tomamos suficientemente en serio. Yo es que estoy en el Bdsm para ser feliz y hacer feliz a alguien a mi lado. Sorprendente, eh?

El punto es que, si no me equivoco (y quiera Dios que no me equivoque), y la mayoría de gente estamos aquí para ser felices haciendo feliz a la persona que tenemos al lado (más allá de su rol), entonces deberíamos tomarnos un poquito más en serio a nosotros mismos. ¿Por qué no en lugar de escribir sobre fantasías no se escribe más sobre lo que realmente sentimos hacia la otra persona? Por supuesto, que cada cual escriba de lo que quiera, pero cuando se escribe en un lugar público, se adquiere la responsabilidad de no tergiversar la realidad, no confundir fantasía con realidad. Nada contra las fantasías, pero sobre todo pensando en la gente que se acerca a este mundillo, mejor no confundir fantasía con realidad.

 ¿Qué sentimientos nos genera y creemos generar en la otra persona? ¿Por qué hay dominantes que quieren educar a la parte sumisa, moldeándola y convirtiéndola en otra persona? ¿Tan poquito le gusta la persona que tiene delante ante su magno trabajo? ¿O sencillamente le vale cualquiera, y lo que quiere es un autómata que se comporte tal y como quiere? ¿Están en el Bdsm porque consideran que tienen algún tipo de derecho de aprovecharse de las fantasías sexuales de otra persona? ¿Realmente disfruta con lo que hace, o sólo pasa por ese trago para obtener algún tipo de beneficio? ¿Existe mucha diferencia entre una relación en la que una parte se dedica a decirle a otra que debe ir siempre con la mirada baja, conviertiéndose en algo que la otra persona jamás querría ser, y una secta? ¿Realmente hay alguien que busque sólo un recipiente humano donde meter su pene?


machi{AmAly}




sábado, 19 de mayo de 2012

Fetichismos curiosos: los globos (ballooning)

¿En qué consiste este fetichismo?

Se lo conoce como "ballooning", y es este curioso fetiche que tiene como objeto de adoración los globos. Esta adoración toma muchas formas, en las que son importantes aspectos como el material del que está hecho el globo (hay globos de látex), el tamaño, el color, la resistencia (los hay finitos que al final explotan y los hay que se usan para botar encima), la forma (pueden ser redondos, alargados, o con diversas formas, como el conejito del playboy que he visto en algún video sobre el tema), grosor, etc.

Los fetichistas de los globos son conocidos como "looners", y al parecer este fetichismo surge desde una edad temprana, en la que se despierta un interés especial por estos objetos, tanto por una atracción inusual como por su opuesto, una manía a los globos, incluso pudiendo llegar a una fobia. Con la llegada de la pubertad, tanto la atracción como la fobia pueden derivar hacia el fetichismo, y aquí empieza la difícil andadura de estos fetichistas. Por supuesto que hay grados, como en todos los fetichismos, pero éste suele ser de los absorbentes, de los que termina por limitar la sexualidad.

¿A qué me refiero con limitar? A que se convierte en uno de los pocos, sino el único, estímulo que es capaz de provocar la excitación sexual, dificultando el encontrar una pareja sexual o una relación estable. Es uno de esos casos en los que yo recomiendo acudir a internet para localizar a otros fetichistas que compartan esa adoración por los globos, no solo para no sentirse un friki (no existen los frikis, solo las personas originales), sino para poder normalizar su sexualidad. ¿Porqué normalizar? Porque suele ser una de esas peculiares sexualidades que no solemos contar a la familia ni a los amigos, que nos hace sentir aislados del mundo (en inglés "loner" significa "solitario", y quizá de ahí venga el sobrenombre de este tipo de practicantes fetichistas, ya que es un fetichismo que se suele practicar en solitario y en secreto).

Variantes de este fetichismo

1. Poppers y no poppers: "popper" es hacer explotar el globo, bien pinchándolo, o bien hinchándolo hasta que explota. En esta modalidad lo que excita es el sonido que hace al explotar, y también la incertidumbre de no saber cuando va a explotar. Si además le añadimos que la mayoría se hinchan a pulmón, la emoción de que te explote en la cara acentúa ese subidón de adrenalina que produce la propia explosión. Parece que en esta clasificación hay una evolución desde los que no les gusta explotar los globos (prefieren hincharlos, acariciarlos, rodearse de ellos, etc) hasta los que disfrutan explotándolos, como si éste fuera un grado más dentro del fetichismo.


2. Botar o no botar: Existen algunos de un grosor tal que permiten botar encima del globo, incluso creando formas deformes que recuerdan mucho a un pene de goma, por no decir que el propio roce con el globo ya produce una estimulación genital.


3. Estimulación sensorial: En este caso es el colorido, el estar rodeado de globos, los diferentes tamaños, las texturas, acariciar el globo, sumergirse en una piscina llena de globos, etc, lo que provoca la excitación sexual.


4. Estimulación genital: se puede usar un globo vaginal o analmente e hincharlo (como algunos plugs anales), y hay quien coloca un globo en el pene, junto con el tubo de una bomba para hincharlo, aunque no me hago una idea de lo que se puede sentir con el efecto del helio...


5. Juegos conjuntos: en este caso la excitación proviene de compartir el fetiche con alguien más, y por ejemplo montárselo encima de un globo, o acariciar unos globos colocados en los pechos, o hacer explotar globos en diferentes partes del cuerpo de la otra persona.


6. Introducirse dentro de un globo: esa sensación de privación sensorial, si le añadimos el olor del material del que está hecho, el esperar a que alguien lo explote, el control de la respiración, son todas emociones fuertes no aptas para cardiacos.


7. Hinchado a pulmon: aquí hay varios factores implicados, como es el de la respiración forzada, la salivación, el sabor de la goma, el riesgo esperado de explosión, la concentración... en conjunto sirven de experiencia liberadora, con una sensación de alivio explosiva.

8. Frotarse: en esta modalidad sirve tanto frotarse uno mismo con un globo o varios, tumbarse encima de los globos, sentir la goma sobre la piel, y también sirve el usar los globos como tercero en un intercambio sexual, frotándose mútuamente con los globos.

9. Globos con formas: esta sería una variante de la muñeca sexual cuando el globo es en realidad una muñeca de goma, pero también existen globos con formas de animales sobre los que montar, etc.


 



miércoles, 16 de mayo de 2012

La verdad de un sumiso - Responsabilidades

"Sé consciente de la dependencia que tú has generado en mí. No olvides que eso conlleva unas obligaciones morales que si obvias me dañará profundamente.

Cuídame, protégeme, valórame. Es la más básica responsabilidad de quien se adueña de un semejante.

Estoy ahí para tu placer, tu disfrute y tu bienestar. Nunca lo olvides. Nunca me permitas olvidarlo.

No te limites a hacerme mejorar como perro y como sumiso. El D/s es una forma maravillosamente eficaz para hacernos mejorar también como personas, inculcándonos valores extrapolables al conjunto de la vida. 

Haz de mi tu orgullo, púleme cada día, hazme cada momento a tu lado más fuerte, más puro. Perfeccióname 

Lo que se desencadena dentro de mí frente a situaciones tales como la de comer de tu mano, carentes de todo contenido sexual y rebosantes de simbolismo, es mucho más de lo que en un primer momento pude imaginar.

El eje y núcleo de la satisfacción personal de todo sumiso reside en hacer que su dominante se sienta como él desea sentirse, debiendo enfocar a esta meta todo medio y acción.

El lograr anticiparme satisfactoriamente a tus necesidades, cubriéndolas previo a su manifestación por tu parte, me hace sentir útil y único.

No necesitas disfraces, guiones, ni nada artificial más allá que tu propia naturaleza dominante. Nada me excita más, nada me impone más respeto. El resto es secundario. 

Haberte cedido libremente mi libertad es una de las libertades de las que que más he disfrutado haciendo uso en mi vida."

Estas palabras pertenecen a un joven sumiso, a su visión de la Dominación/sumisión, y me han hecho pensar en las responsabilidades que tanto unos como otros tenemos en una relación de este tipo.

Me vienen a la mente otras palabras que se repiten a menudo y de las que quizá uno no capta la profundidad de su significado: "en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, en lo bueno y en lo malo, hasta que la muerte nos separe". Quizá sea sólo una fórmula, quizá lo sean muchas de las palabras que nos decimos en una relación, y cuando me paro a pensarlas me pregunto ¿son ciertas? ¿son válidas? ¿eso es lo que quiero?

¿Existe realmente dependencia en una relación D/s?

Diría que una relación afectiva, la que sea, conlleva un cierto grado de dependencia, en el sentido de que nos importa la opinión de la persona a la que le tenemos cariño, que nos importa que nos quiera, que nos preguntamos si siendo o haciendo tal o cual cosa nos seguiría queriendo, y la sombra de la decepción aparece en algún momento u otro.

Una relación entre iguales con buena base puede resistir todas estas consideraciones y sostenerse, ocurra lo que ocurra, ya que inevitablemente las personas cambian, se producen errores y altibajos, y comprender forma parte de aceptar que cada uno, al final, tiene la libertad de ser uno mismo.

Pero una relación D/s me plantea dudas de hasta qué punto es una relación entre iguales, y me explico. Por supuesto que son dos individuos que libremente han decidido compartir un tipo de relación particular, pero precisamente esta particularidad es la que pone más acento en esas consideraciones de las que hablaba antes: no es lo mismo que mi hermana se olvide de algo que le he pedido que haga a que lo olvide mi sumiso.

La carga de dependencia en este sentido es mucho mayor, y en parte es eso lo que se busca. Ahora bien, ¿hasta que punto?¿y qué supone eso para ambas partes?

Para la parte sumisa puede parecer que la obediencia o anteponer los intereses de otra persona a los propios (hasta unos límites) es lo deseable y además es el camino fácil: si me dicen lo que tengo que hacer basta con cumplir con eso para mantener el cariño o satisfacer a mi Dominante. Por supuesto que en esto hay muchos grados, hay quien espera que el sumiso esté pendiente de cada suspiro, y hay quien no precisa de tal grado de atención. A mi me parece un concepto muy romántico, de hecho está basado en un concepto victoriano de servidumbre: el perfecto criado que se adelanta a las necesidades de su Señor. 

Se podría decir que esto crea un alto grado de dependencia, ya que cualquier error se magnifica debido a que existe esa intención de base de satisfacer a la otra persona, y en consecuencia, un error o indolencia puede interpretarse como falta de interés, y la parte sumisa intentará evitar esto a toda costa, esforzándose aún más. Pero en este caso, la dependencia es mútua, ya que la parte Dominante llega a confiar tanto en que la parte sumisa asume esa responsabilidad, que se vuelve dependiente de esas atenciones.

Lo que me parece peligroso es cuando esa dependencia natural se utiliza para hacer que la otra persona nos considere imprescindibles en su vida, de tal manera que anulemos su capacidad de reflexión y de acción más allá de nuestra manera de entender la vida. La entrega es un acto consciente y constante, cuestionable a cada momento para que sea significativa. No me sirve alguien que se acomoda en una situación, sino alguien que a cada momento elige estar en esa situación, porque le hace feliz, porque es lo que quiere, y eso requiere de un cierto grado de independencia emocional para poder evaluar la relación, sin ataduras ni obligaciones, siendo plenamente conscientes de las responsabilidades que asumimos.

¿Cuáles son entonces esas responsabilidades básicas?

Estoy de acuerdo en que una de ellas es cuidar de la otra persona, en el sentido de procurar su bienestar, y dentro del BDSM, intentar no producir un daño innecesario o irreversible, y me refiero en ambos sentidos, ya que la parte dominante también puede resultar dañada por la negligencia del sumiso.

La parte sumisa asume muchos riesgos, y emocionalmente se expone al hacer suya la voluntad de otra persona, ya que en ello hay una responsabilidad de moldearse o adaptarse a otra manera de pensar, de forma simbiótica. ¿Significa eso aceptarlo todo a pies juntillas? No lo creo, significa presuponer que la otra persona no quiere dañarnos, al contrario, pero sobretodo aceptar que estamos ante una persona, llena de verdades y contradicciones, imperfecta en cuanto cambiante, compleja en cuanto humana.

Y en base a esa misma condición, la parte Dominante tiene una responsabilidad de comprensión, de valoración del empeño que la otra persona pone en satisfacernos, de procurar una comunicación fluída y sincera, en la que se cuente todo, no porque sea inaceptable que la persona sumisa pueda tener parcelas individuales y propias, sino porque es preciso, imperativo, que en una relación en la que se enfatizan tanto los deseos, las opiniones, éstas se expresen continuamente, dejando poco margen a la adivinación y al malentendido.

No creo que podamos proteger a la otra persona más allá de nuestra intención de no causarle daño (que es diferente a causarle dolor, ya que éste puede ser buscado), y es que no es posible saber por adelantado todo lo que puede resultar dañino para otra persona, y mucho menos evitar que la vida o que otras personas lo hagan. En todo caso es una protección interna, entre los dos, en la que ambos son a la vez dadores y receptores, sabiendo que en un camino tan intenso y de evolución tan exponencial, es fácil encontrarse con situaciones en las que la otra persona sufra, pero el daño llega cuando ese sufrimiento no se acompaña de comprensión y de corrección.

¿Debe existir crecimiento en una relación D/s?

Creo que debe existir crecimiento en cualquier relación, que sin crecimiento una relación se estanca. Eso no significa estar poniéndonos a prueba constantemente, ni tampoco pasarnos el tiempo en un constante "vamos a hacer algo diferente y/o más arriesgado", pero está demostrado que el ser humano es curioso, y le gusta descubrir cosas nuevas, acerca de si mismo y del mundo que le rodea, por eso una relación, del tipo que sea, debe moverse por nuevos caminos y derroteros, saliendo de las rutinas necesarias para la convivencia, venciendo esa tendencia a buscar la seguridad de lo que ya conocemos. 

Podría parecer que el punto álgido de una relación D/s es cuando ambos están perfectamente sincronizados, cuando ya se conocen de tal manera que no hace falta casi ni hablar para que se entiendan, y aunque esto pueda parecer tremendamente bucólico, puede conducir fácilmente al aburrimiento. Y es que la fase de adaptación tiene sus tropiezos, pero también sus recompensas, mientras recorremos el mundo interior de la otra persona para llegar a conocerla.

Conocerse es una responsabilidad mútua en este caso, la añado a la lista de responsabilidades, porque sin conocerse no podemos cuidar, ni prever, ni valorar, no podemos saber qué necesita la otra persona, que sueños le motivan, que le resulta placentero ni qué le hace feliz.

Y es que las personas vamos cambiando con el tiempo, y asimismo lo hacen nuestros sueños y deseos, y es preciso actualizarse, no perder el interés, ya que es un camino que no termina, no tiene un final objetivo. Y hay quien se desanima pensando en que llegará a un punto en el que pueda ser el perfecto sumiso/Dominante, cuando eso es pura utopía: no existe la perfección, solo la evolución. 

Al final este camino resulta en un aprendizaje mútuo, y cuando se tiene una relación con alguien para quien somos especiales, para quien resultamos un mundo vasto que explorar, para quien cada uno de nuestros pensamientos y deseos resulta valioso, esa relación nos impulsa a crecer, a buscar nuevos retos que resulten en el beneficio de ambos, a mejorar y ganarnos esa consideración de ejemplo... y eso se cumple para ambos.

En este caso el ejercicio de la libertad es para ambos, no solo para el que cede, ni para el que acepta libremente esa cesión, sino que redunda en la libertad de ambos de ser y mostrarse tal cual son, sin tener que esconder lo que sienten ni como lo sienten.

Haberte cedido libremente mi libertad es una de las libertades de las que que más he disfrutado haciendo uso en mi vida.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Los fetichismos que nos rodean (1)

Vistos en conjunto, los fetichismos y parafilias pueden parecer el producto de mentes un tanto transtornadas, pero si empezamos a bucear un poco en la lista de parafilias, nos daremos cuenta de que, quien más quien menos, oculta algún fetichismo en los recovecos de su fantasía.

Conceptos

* Fetichismo es una parafilia que consiste en la excitación erótica o la facilitación y el logro del orgasmo a través de un talismán u objeto fetiche, sustancia o parte del cuerpo en particular. 

* Una parafilia es un patrón de comportamiento sexual en el que la fuente predominante de placer no se encuentra en la cópula, sino en alguna otra cosa o actividad que lo acompaña. 

* El fetichismo sexual se considera una práctica inofensiva, salvo en el caso de que provoque malestar clínicamente significativo o problemas a la persona que lo padece o a terceros, pudiendo en este caso llegar a considerarse un trastorno patológico propiamente dicho. 

* Los Fetiches clásicamente eran únicamente corporales, y también algunos objetos relacionados con un erotismo muy particular, pero yo también incluyo los fetiches de situación, en los que precisamente es esa situación la que despierta esa excitación.

Fetichismos corporales





Fetichismos con objetos






Fetichismos de situación





martes, 1 de mayo de 2012

Shibari - bondage de inmovilización