lunes, 20 de diciembre de 2010

The Magic Queendom (2): La escuela

La Escuela estaba situada en una ala alejada, manteniendo el estilo de los internados ingleses incluso en el diseño. Las aulas eran austeras, con sus pupitres y pizarras, y tenía sus propios alojamientos con baños comunitarios y comedor. En general pretendía despertar en los alumnos ese sentido de aprendizaje intensivo, y potenciar el internamiento y la inmersión psicológica.

La lista de 1200 candidatos se había reducido a tres grupos de 20 personas, dos de ellos de sumisos innatos y el otro de esclavos sexuales. La educación serí diferente para unos y para otros, y las profesoras habían sido seleccionadas cuidadosamente. También teníamos un grupo de Amas que habían manifestado su interés en aprender más sobre técnicas, y profundizar en la dominación psicológica.

En conjunto formaban una interesante experiencia sociológica, y aunque ya habían algunas escuelas dedicadas a promover los conocimientos del BDSM, en esta Escuela quería intentar algo diferente: recuperar la figura de los hokan y plantear las bases de cambio para una sociedad mucho más equilibrada. Era una idea utópica, pero al parecer había tenido resonancia en la comunidad BDSM y la prueba estaba en lo difícil que había sido elegir unicamente a 60 personas entre tantas candidaturas. Sólamente el proceso de selección había durado tres meses, con serías dudas y replanteamientos, pero al final, tanto para las profesoras como para mi, habíamos llegado a un consenso aceptable.

Me había reservado algunas de las asignaturas para formar parte del proyecto de una forma directa, y para poder evaluar personalmente el aprovechamiento de las clases y el aprendizaje.

Cuando llegué al aula me detuve un segundo ante la puerta, consciente de que éste podía ser el primer paso de un proyecto importante, un proyecto vital que permitiría a muchas personas poder vivir de forma consecuente a su forma de ser. El silencio me hizo sospechar que quizá no habían sido convocados en el lugar adecuado, pero al entrar me sorprendí gratamente al comprobar que las 80 personas estaban sentadas y esperando. Las Amas se sentaban en dos tarimas laterales que rodeaban las filas de sillas que se alineaban en el centro de la sala. Todas las miradas se dirigieron en mi dirección y me tomé mi tiempo para subir a la tarima, donde disponía de un micrófono para hablar.

- Buenas tardes a todos y bienvenidos a la escuela del Magic Queendom. - Se escuchó un leve murmullo de respuestas.- Como ya sabeis esta es la primera promoción de alumnos y alumnas... - me incliné ligeramente saludando a ambos lados de la sala, y finalmente al centro.-... y como tal tendrá siempre esa calidad especial de los pioneros, de los que se atreven a hacer algo diferente. Tal como se os informó en los memorándums que se os envió juntamente con el formulario de solicitud, vamos a recobrar una tradición japonesa, mezclándola con tintes de otras culturas, hasta convertiros en los primeros hokan occidentales, los equivalentes a las geishas, para haceros especialistas en complacer, agradar, satisfacer y honrar a las que vayan a ser vuestras Dueñas, Amas o Señoras.- Podía ver perfectamente a los alumnos de las primeras filas, y diría que sus ojos brillaban ante esta perspectiva, incluso se pudo escuchar algún suspiro.

Detrás de mi, en el escenario, estaban sentadas las 6 profesoras que iban a impartir las diferentes disciplinas: protocolo, habilidades sociales, técnicas, habilidades domésticas, inmersión histórica, y habilidades personales, habiéndome reservado para mi la de filosofía de la Dominación Femenina. Siete asignaturas, siete Mujeres de gran personalidad y conocimientos en sus campos, un número mágico, ya que todo lo que rodeaba este gran proyecto estaba impregnado de simbología.

- Veo que todos habeis recibido vuestros "uniformes" sin problemas, y me comentan que ya teneis asignados vuestros dormitorios. Habreis comprobado ya que los dormitorios y estancias de los sumisos no tienen puertas, y eso tiene su razón de ser: en este lugar nadie será forzado a realizar nigún tipo de práctica ni a aprender aquello que no quiera, y en ese sentido todo lo que se haga se hará a la vista de todos, y de esta forma también os ireis acostumbrando a que vuestra intimidad será la que vuestras Dueñas determinen.
Aun estando a unos metro de distancia podría decir que podía captar la aceleración de sus pulsos y sus respiraciones. Los uniformes estaban diseñados para mostrar en todo momento sus reacciones, formando ello parte de su aprendizaje.

- En los próximos días, vuestras respectivas profesoras... - la puerta a mi derecha se abrió impetuosamente y apareció un acalorado alumno que, al recibir las miradas curiosas de todo el mundo, enrojeció de golpe.

- Siento llegar tarde, el tren se retrasó y no conseguía encontrar... - le indiqué con un gesto que guardara silencio y que se sentara en una de las sillas vacías de la primera fila, lo que hizo algo azorado.

- Como os decía, vuestras respectivas profesoras os informarán del contenido de cada asignatura, y también lo que se espera de vosotros al finalizar el periodo lectivo. Para cualquier duda o problema que pueda surgir, Lady Katrina será vuestro enlace, algo así como vuestra tutora, y quien se encargará de velar para que no os falte de nada.- Me giré para presentar a Lady Katrina, mi buena amiga, que ya estaba de pie a un paso por detrás de mi e inclinaba levemente la cabeza en dirección a los asistentes.

- No quiero prolongar más la presentación, y únicamente agradeceros la confianza en esta escuela y en nuestra visión. En la sala contigua hay un pequeño piscolabis, el último en el que podreis elegir libremente lo que comeis, hasta que finalice el curso. - No pude evitar sonreir en dirección a las Amas, que asentían y se inclinaban ahora en mi dirección.

- Ese es el alumno 28, el que ha llegado tarde, ya te dije que... - miré a Lady Katrina con una sonrisa divertida.

- Querida, siempre tiene que haber alguien que dé la nota, es lo que hace que en toda comida, ese toque de pimienta la convierta en sabrosa. No te preocupes, no creo que nos dé problemas.- No demasiado convencida Lady Katrina bajó de la tarima junto con el resto de profesoras para entablar conversación con las Amas, que ya se habían reunido en el centro de la sala, donde iban a ser servidas por el personal del Magic Queendom.


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