martes, 15 de marzo de 2011

Las cuerdas

Los domingos por la mañana me siento realmente como si estuviera en el paraíso. Después de haber dormido y descansado durante dos noches seguidas me siento recuperada y mis neuronas funcionando a pleno rendimiento.

Miro por la ventana, hoy hace un sol espléndido, y algunos rayos llegan ya a la terraza, reflejándose en el techo del dormitorio. Por la puerta aparece él, con una sonrisa cálida y generosa, y una bandeja con lo que parece ser el desayuno: un bol de cereales con trocitos de fruta, nata y espolvoreados con chocolate, y un pequeño jarroncito con una rosa roja. Son estos detalles los que le distinguen, los que le dan ese aire romántico a todo lo que hace.

- Buenos días, cariño ¿has dormido bien? - Siempre se levanta antes que yo, duerme poco, aunque más que cuando le conocí, quizá porque ahora se siente menos inquieto, más realizado, o porque tiene menos preocupaciones, o al menos eso intento. Asumo que es mi responsabilidad resolver los contratiempos, aunque muchas veces me apoyo en su criterio, que es coherente y práctico. Si fuera por mi, los problemas se resolverían rompiéndolos a cachitos y esparciéndolos en el aire, y él me recuerda que vivimos en un mundo real y material.

- Sí, mi Ama, a tu lado siempre duermo muy bien.- Coloca la bandeja encima de la cama, mientras me incorporo, y me coloca algunos cojines a mi espalda.
Es una curiosa combinación la nuestra, con un porcentaje de compatibilidad y un porcentaje de complementariedad. En algunas cosas somos muy diferentes y en otras, sin embargo, casi dos gotas de agua. Supongo que eso hace que nos entendamos y que al mismo tiempo no dejemos de sorprendernos, pero también a veces obliga a ciertos ajustes.

- Hace un día precioso ¿verdad? Creo que hoy me he despertado creativa. - También ha colocado en la bandeja un platito con pequeños bocaditos, para que pueda dárselos mientras yo desayuno, sabe que eso me gusta, aunque seguramente él haya desayunado algo ya.

- ¿Y qué es lo que te apetece hacer hoy, princesa? - Le miro con una sonrisa traviesa y él sabe que va a ser protagonista de mi aventura artística de hoy, y eso le complace. Le gusta participar en mis ocurrencias y sobretodo en mis travesuras.

- Pues creo que hoy voy a desenterrar las cuerdas, así que si me traes la bolsa... o mejor no, creo que iremos al patio, y así disfrutaremos del calor del sol, ¿te parece?

- Como quiera mi Ama... - tiene esa forma de decir "mi Ama", que es una mezlca entre adoración y amor, casi diría que me suena igual a que cuando me dice "mi amor", y es que en realidad ese sentimiento es el transfondo de nuestra relación, y sin él, no creo que nada de esto fuera posible. Termino el delicioso desayuno, y le miro ese culito apetecible mientras se lleva la bandeja, y ya empiezo a formar en mi mente un diseño.

Tenemos un patio amplio, en la parte trasera de la casa, que queda a resguardo de las miradas de los edificios vecinos, más elevado, y en él hice que pusieran algunos ganchos en la pared y un aro colgando del techo. Por supuesto mis juguetes están allí, protegidos por el tejado de cristal por el que se filtra el sol, iluminándolo todo. Y es que además de mazmorra, este patio también lo usamos de solarium.

Vestida únicamente con el camisón espero a que venga, en una de las tumbonas, con los ojos cerrados, escuchando el sonido característico del agua que cae de la fuente que está en una de las esquinas del patio. Es una fuente de agua continua que alimenta un pequeño estanque, con algunos nenúfares y peces. Es un regalo que él me hizo en mi cumpleaños, y que me pareció tan original... nadie me había regalado nunca el sonido de un riachuelo, y éste es ahora uno de mis rincones preferidos.

Siento sus dedos delicados recorriendo mis pies, mis piernas, y sé que ya está aquí con la bolsa, y que no quiere sacarme de mi relajación. Sonrío sin abrir los ojos y él continúa con las caricias, sentándose a mi lado. Es muy agradable el roce de sus yemas en mi piel, y poco a poco va despertando en mi el deseo. Es una curiosa criatura el deseo, un ser durmiente que despierta con la añoranza de volver a sentir la presencia del otro en nuestro cuerpo. Sin abrir aún los ojos, le atraigo hacia mi cogiéndole por la cintura, hasta que siento su aliento en mi mejilla.

- ¿Vas a portarte bien con tu Ama, y a concederle todos sus caprichos, mi niño? - Siento como se estremece al escuchar mis susurros, en ese tono de voz que a él le despierta hasta lo más profundo, y se le escapa un leve suspiro.

- Sí, mi Ama, en todo lo que quieras - Beso tiernamente su cuello, acariciándole el pelo, y noto como se va abandonando, dejando de estar pendiente de mi para disfrutar de mis atenciones. Me gusta su sabor, el sabor masculino de su piel, me despierta el apetito, y los largos lametones en sus hombros y en su pecho no hacen sinó abrir el camino hacia sus pezones que me esperan ya turgentes y anhelantes. Mientras, mis manos hábiles en reconocer el contenido de la bolsa, han cogido una de las cuerdas, y preparo un nudo de prisionero, para poder esposar sus manos a la espalda, sin dejar de besarle y lamerle. ¿Qué presa no se dejaría atrapar de una forma tan seductora? Y eso es lo que hace que este arte sea tan interesante.

Empieza con una seducción, la erótica de la presa acorralada que sabe que va a ser retenida, sometida a la voluntad de su apresadora. Confianza mezclada con curiosidad, sabiendo que su cuerpo deja de ser suyo para convertirse en lienzo, carne y cuerda entrelazados formando una escultura hermosa. Y ahora él sabe que se impone el silencio, que mi inspiración se nutre de verle, de tocar sus músculos, de sentir como el algodón se inserta en sus poros, como define sus formas, como marca claramente esas partes de él que me pertenecen. Y es que no se trata de nudos solamente, eso sería sencillo, sinó de elegir aquellos que, una vez combinados entre sí, con la tensión de las cuerdas, harán que él se sienta cada vez más poseído, más objeto de mi modelación, de mi antojo, menos resistente a ser transformado en algo nuevo, diferente. Y es que ser una obra de arte viviente te cambia, cambia tu perspectiva, porque no es lo mismo ser un espectador del arte, que ser el propio arte.

Mis dedos deslizan las cuerdas con lentitud, dejando que mis uñas arañen su piel, y él se mordisquea el labio. Es delicioso torturarle lentamente, a veces con un arañazo, a veces con un mordisco justo donde voy a pasar la cuerda, y eso incrementa la sensibilidad de esa zona. Poco a poco sus extremidades quedan inmovilizadas en una posición expuesta, sus nalgas separadas, su espalda encorvada, con las rodillas flexionadas, y él parece estar inmerso en la misma atmósfera que me envuelve a mi. Y es que cuando estoy atando entro en una especie de trance, en la que me fundo con ese maravilloso cuerpo que tengo entre mis manos, y mis roces son pura poesía, y mis nudos metáforas de todo lo que nos une, nudos elaborados y nudos sencillos, los grandes y pequeños detalles que construyen nuestra relación y que ahora forman una red a su alrededor. Y llega el último nudo, el que concluye toda la obra, y me retiro unos pasos para observar el resultado.

- Estás magnífico, este diseño hace que tu cuerpo sea aun más hermoso. - Me acerco para levantar su rostro que estaba dócilmente inclinado hacia el suelo, como si mirándome pudiera distraerme de mis evoluciones con las cuerdas, y le beso dulcemente, lamiendo sus labios, saboreando su lengua, y él consigue apenas balbucear un "Gracias, mi Ama". Acaricio su rostro con ambas manos y las deslizo paralelas por su cuello, y su pecho, y sin dejar de mirarle a los ojos, esos tiernos y adorables ojos, continúan su camino hasta acariciar su pene, que está maravillosamente erecto. Sus piernas están atadas a sus pies, de tal forma que no pueden juntarse, y mis manos tienen total libertad para recorrer sus genitales.

- Abre la boca, así... eso es... lame mis dedos...- y con una delicadeza malévola acaricio su glande con los dedos mojados, lentamente, y él gime, apoyando su cabeza en mi pecho - Lo sé, mi niño, lo sé... es una tortura...pero es que tú eres mi esclavo, ya lo sabes.

- Sí, mi Señora, para todo lo que quieras hacer conmigo, soy tuyo... - Y me sitúo a su espalda, apoyando mi rodilla en los nudos que atan sus manos, obligándole de esa manera a inclinarse hacia atrás, tirando de la cuerda que rodea sus testículos, estrangulándolos un poco más.

- Lo sé, y disfruto mucho de esta sensación, ya lo sabes... - agarro su garganta al mismo tiempo que agarro con fuerza su pene ahora enrojecido por la presión de las cuerdas, y eso arranca un nuevo gemido. - ... y parece que tú también lo disfrutas.

- Mucho, mi Ama - Ya no se trata únicamente de la belleza de un diseño simétrico, estudiado, adaptado, sinó de sus posibilidades, de la sensación de impotencia que produce, y de poder... el poder de tener a alguien completamente en tus manos.

Me coloco frente a él, quitándome lentamente el camisón, acariciándome los pechos con movimientos tentadores, y él me mira, hipnotizado, gozando del espectáculo, deseando formar parte de él, y entonces me giro, y apoyo mi espalda en su pecho, restregándome como una felina en celo, dejándole sentir mis nalgas en sus muslos, en su vientre, y ahí es cuando empieza el verdadero sufrimiento de sentirse atrapado en esta red de cuerdas que con cada uno de sus movimientos clavan aún más los nudos en su piel.

- ¿Esto es lo que quieres? Vamos mi niño, quiero oirlo.- Mi sexo húmedo se pasea ahora por su pene rojo y palpitante, empapándolo.

- Más que nada en este mundo, mi Ama - su voz entrecortada, teñida de deseo y de lucha por desasirse de las cuerdas, y poder tocarme, acariciarme...y mis manos agarrándole, y deslizando su glande entre mis nalgas, aumentando su tortura y su gozo, entreteniéndome en acariciar la zona sensible de mi ano, provocando sus gemidos más plañideros... y también los míos.

De rodillas frente a él, mis nalgas invitándole, mi sexo abierto, hinchado, y él inclinándose hacia adelante, intentando alcanzarme con su boca, pero no puede, las cuerdas se lo impiden a no ser que prefiera caer hacia adelante, y durante unos momentos permanece en un equilibrio precario, balanceándose hacia adelante y hacia atrás, en una indecisión resultante de su propia lucha interna.

- Ríndete, cielo, simplemente ríndete - Y en sus ojos veo que se resiste, que no quiere renunciar a intentar alcanzarme a pesar de las limitaciones, aún sabiendo que está todo estudiado para que no lo consiga, pero es que él es así, adorablemente tenaz, divertidamente insistente... pero al final cede... cede y se desploma sobre sus piernas dobladas, su espalda encorvada, su mirada resignada, y es entonces cuando la magia de las cuerdas obra su milagro, y somete el brío, la fuerza, la voluntad, al hombre, para convertirlo en obsequio, en cautiva y deliberada rendición. Y respiro profundamente, saboreando el néctar de esta ofrenda, que me estimula más que cien orgasmos.

- Así, shhhh, así.... - y le rodeo con mis brazos, con ternura, besándole su rostro, porque no hay momento más dulce, más intenso, que cuando su voluntad se doblega a la mía, y sentándome sobre sus muslos, enlazando mis piernas con las suyas atadas, siento su pene penetrarme, y acallo sus gemidos con mi boca, balanceándome arriba y abajo, poseyéndole, en cuerpo y alma.

- Y ahora, mi vida... ahora me perteneces

jueves, 10 de marzo de 2011

Tantra: el masaje del Yoni

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sábado, 5 de marzo de 2011

Un camino espiritual de Éxtasis: el Tantra

Antes de conocer el mundo de la D/s, estaba muy interesada en la sexualidad como camino hacia la liberación, o la iluminación como dicen algunos, no en balde es la energía más accesible para el ser humano, y en algunas de mis fantasías me imagino siendo la sacerdotisa de alguna antigua Diosa del placer, mostrando a sus iniciados el camino espiritual hacia el Éxtasis.

En este sentido he encontrado un artículo muy interesante sobre el Tantra, su origen y significado, y que me parece que tiene mucha relación con la forma en la que algunos vivimos la D/s, al menos yo.

"Un Camino Espiritual de Éxtasis

La sexualidad da origen al milagro de la vida, es mediante ella que la creación es posible, y es por eso que aunque lo negamos, la sexualidad rige gran parte de nuestro mundo.
  
Ahora, no se sabe desde cuando, pero hubo un momento en que los seres humanos se separaron de una visión integral del sexo, y se volvió sólo una forma física de obtener placer, y el medio para tener bebés, dejando de lado todas las implicaciones espirituales. Sin embargo, en el Oriente hubo una cultura que guardó esta tradición, donde la sexualidad era todo un camino para elevarse, trascender y alcanzar un despertar total mediante el cual se relaciona con el universo entero.

La disciplina que recupera y guarda con celo todo el conocimiento y las técnicas de sexualidad espiritual se ha conocido por siglos como Tantra. De esta forma, la sexualidad era todo un ritual para esta cultura, y se comprendía como una expresión de unión. El Tantra era y es el rendimiento total y el abandono de cualquier condicionamiento cultural, mental e incluso emocional, de manera que la energía del universo regrese a nosotros y podamos verdaderamente ser libres.

...

De esta forma, la búsqueda del Tantra es la unión con el universo, el orgasmo con el universo, con la energía vital. Cuando se logra despertar la energía que tenemos dentro mediante la sexualidad, es cuando se han despertado los chacras o el kundalini, que son esa fuerza vital que nos vincula con todas las cosas, con todos los seres, con Dios.

Es así, como quienes practican el Tantra se vuelven menos codependientes, neuróticos y celosos; pues adquieren una armonía con la totalidad de la existencia que elimina cualquier visión o sentimiento negativos y descubren su ser interior."

Os animo a curiosear algunos de los artículos porque si se trata de dar el máximo placer, incluir la parte espiritual resulta fundamental, y al igual que la D/s no está reñida con el romanticismo, tampoco lo está con la espiritualidad (y a ver si dejamos de compartimentar tanto los conceptos, que eso es muy de pensamiento masculino, muy útil para algunas cosas, pero no para vivir esta experiencia de forma plena).

<< Vivir el Tantra>>

sábado, 26 de febrero de 2011

La caballerosidad nunca pasa de moda

Estaba curioseando, buscando una especie de manual de protocolo de caballerosidad (si es que eso existe), cuando me he encontrado este artículo, con algunas ideas interesantes:

"SER UN CABALLERO NO PASA DE MODA, NI TIENE EDAD.

La caballerosidad bien entendida está al margen del tiempo. No sólo “en la mesa y en el juego se conoce al caballero”, sino en lo más esencial, el respeto por los demás, que es respeto por uno mismo y el dominio de los propios actos: un caballero nunca pierde la paciencia.
 
La caballerosidad no es cuestión de cultura, sino de educación. Hay personas muy cultas que no serán, ni han sido nunca, caballeros, porque carecen de educación. Hay personas sin una gran cultura, pero educadas, lo que les permite ser caballeros.
 
Actitudes de un caballero.
 
La caballerosidad no sólo se hace de gestos, sino de actitudes, por ejemplo, un perfecto caballero nunca pierde la paciencia. La razón es que si la perdiese, pondría en evidencia que no sabe contenerse y esto es impropio de un hombre.  
  • Un caballero nunca interrumpe a los demás cuando hablan, entre otras razones, porque supondría una falta de respeto a las ideas ajenas.
  • Un caballero siempre demuestra respeto por los mayores, porque sabe que la sabiduría radica en ellos. 
  • Un caballero nunca se alegra de los errores ajenos, porque supone que la persona que ha errado lo último que necesita es su burla.
Conductas de caballerosidad.
Hasta aquí unos principios básicos de caballerosidad, que deben acompañarse de otras conductas, siendo la más dolorosa la de esperar a comer a una mujer cuando uno se muere de hambre, la comida se enfría, y nuestra deliciosa acompañante no parece tener ninguna prisa por empezar.
 
Entre las costumbres que se están perdiendo, no sólo por culpa de los hombres, sino por las actitudes de ciertas mujeres que no quieren ser tratadas como damas (la esencia de la feminidad), destacamos: 
  • Ceder el paso o abrir antes la puerta del coche a la acompañante.
  • En los restaurantes, acercar el asiento a la señora. 
  • En un transporte público, ceder el asiento a una señora o a una persona mayor.
  • Coger la carga a la mujer. Es más que chocante ver a mujeres cargadas de bultos a la salida de los supermercados y los maridos fumando un cigarro. Una foto de esta escena debería convencer a cualquier juez para concederla el divorcio.
  • En los días de frío, el caballero siempre cede la chaqueta a la mujer.
  • Si nuestra acompañante lleva tacones, siempre se ofrece el brazo. ¿Puedo ofrecerte mi brazo?.
  • Si estamos en un acto social, siempre preguntar a la acompañante si podemos traerle algo. Siempre estar pendiente de que se sienta atendida y cómoda.  
  • Nunca fijar la mirada en una mujer en compañía de otra. 
  • Nunca hablar de otra mujer en compañía de una, ni alardear de las conquistas.
  • Cuando la mujer llega tarde a la cita y se disculpa (hipócritamente porque ninguna mujer que se precie es puntual) contestarla que “ha merecido la pena la espera”.
Y así podríamos hacer una lista interminable.

Lo peor de todo es que muchos hombres renuncian a ser caballeros porque muchas mujeres les califican de anticuados, lo que es cierto, pero el que realmente es aun caballero no puede dejar de serlo a pesar de los que le digan. En un estilo de vida. La única elegida por los que anteponen el respeto y la cortesía a todo lo demás. 
 
Si las mujeres exigiesen ser tratadas con caballerosidad, se evitarían muchos de los problemas que leemos a diario."
 
 
Como bien dice el artículo, la caballerosidad es una cuestión de actitud, más que de gestos. Es también una cuestión de elegancia, de hacer las cosas de tal manera que todos los implicados salgan ganando. Y es una cualidad que admiro y aprecio en un hombre, ese saber hacer y saber estar que nace de dentro, y es que no es caballero el que quiere, sinó el que nace. Se puede aprender a ser correcto, educado, cortés, cumplir con unas ciertas directrices de comportamiento, pero como en todo, sólo lo auténtico es lo que realmente llega. Eso no quiere decir que no podamos buscar al caballero (o a la Dama) que todos llevamos dentro, y los dejemos salir para hacer que nuestras relaciones tengan ese toque de distinción.... y porqué no, de picardía.
 


lunes, 14 de febrero de 2011

El romanticismo en el BDSM

Puede resultar curioso decir que el romanticismo es un tema controvertido, pero así es en el BDSM. Por supuesto hay variadas formas de entender este mundo, y en él tienen cabida todas las variantes, y a mi me gusta en especial el BDSM Romántico, en el que se expresan los sentimientos, en el que la entrega no se realiza a un primer nivel, como sería el del cuerpo, ni siquiera a un segundo nivel, como sería el mental, sinó que se alcanza el tercer nivel, el del corazón.

Incluso en este nivel podríamos diferenciar entre el afecto que surge de la confianza, de compartir las fantasías desde la comprensión mútua, de poder ser totalmente honesto en la forma de vivir y entender la sexualidad, que en sí resulta profundamente liberador, y el que pueda surgir de un vínculo más profundo, fruto de la admiración entre ambas personas implicadas, donde el conocimiento mútuo va más allá de unas prácticas o unas fantasías y engloban a la totalidad de la persona.

Hay quien prefiere quedarse al margen de esta clase de sentimientos, ya sea porque considera que se desvirtúa la esencia del BDSM, ya sea porque en un plano meramente sexual se siente más seguro, o porque teniendo otros vínculos afectivos no le interesa ahondar más.

A mi modo de entender las relaciones, los sentimientos tienen su propia razón de ser, profundizan el vínculo, y envuelven el placer en una atmósfera de ternura que le confiere nuevas dimensiones. Cuando el corazón está implicado cualquier gesto, una mirada, se convierte en una fuente de calidez que llena por dentro, y que proporciona una sensación de continuidad después del juego, y profundiza el sentimiento de pertenencia.

Siendo esencialmente una mujer romántica, me pregunto porqué las galanterías, los detalles, el cariño, las caricias, los besos, parecen tener un papel muy secundario en el BDSM más ortodoxo. Es como si fuera sinónimo de vainillismo el permitir aflorar el sentimiento, cualquier signo de cortejo se ve como sospechoso o se difraza, pero para mi, el romanticismo va más allá de lás prácticas, y constituye un complemento para alcanzar mayor profundidad. Es el corazón y no la mente el que nos lleva más allá de los límites, y ahí donde una busca razones, el otro encuentra motivos. Y es que aunque la confianza se afiance en razonamientos y en hechos, al final quien nos lleva de la mano hacía esa dulce entrega sin reservas es el corazón.


domingo, 13 de febrero de 2011

Situaciones...

Un elemento esencial en el ser humano es la imaginación, sin ella pocas cosas se podrían haber creado. Y en el mundo de la Dominación/sumisión ejerce un papel principal: sin imaginación se reduciría todo a un conjunto de prácticas que, practicadas una y otra vez, conducirían sin remedio a la rutina y al aburrimiento.

Como parte de la imaginación están las situaciones, todo aquello que nos sitúa dentro de un contexto y que permite que cada momento sea diferente. Requiere de ciertas dotes de interpretación, de ser capaz de situarse en un personaje diferente al que representamos normalmente, con convicción, con realismo, y eso enriquece a nivel de vivencia, y a nivel de relación.

Ser durante ese tiempo el protagonista de una historia, una en la que podemos haber sido secuestrados y retenidos por una mujer de personalidad preponderante, requiere no solo de aceptar la condición de indefensión que ello conlleva, sinó de ser capaces de comprender todos los matices que ello comporta, incluído el temor a no saber qué va a ser de nosotros, de si seremos liberados o si por el contrarío tenemos un fatal destino.

Por supuesto no se trata de una situación real, y está enmarcada dentro de una relación de confianza, pero vivir todas esas sensaciones con intensidad hace que cualquier desenlace posterior sea muchó más apasionado, ya que a la propia seducción de la Dominación se unen otras emociones, como el alivio de la liberación, el agradecimiento ante un desenlace placentero del que podría haber sido un desenlace fatal.


La belleza del bondage

Mucho se puede encontrar en internet sobre el origen japonés del bondage, y todos los tipos de ataduras posibles, así como suspensiones y "torturas" que se practican, así que poco puedo añadir en este aspecto, por eso mi idea es expresar lo que significa para mi el arte del bondage.

Cuando tengo la cuerda en mis manos un montón de ideas empiezan a agolparse en mi cabeza. Tengo ante mi un cuerpo desnudo o semi-desnudo, de formas definidas, que tiene su propia manera de expresarse: la colocación de los brazos, la posición de la espalda, la forma de sus piernas... cada cuerpo cuenta su propia historia de la vida que lleva, de la que ha tenido.

Hay dos formas para mi de entender el bondage. Como forma de embellecer el cuerpo, los nudos y los recorridos de las cuerdas resaltan las formas, marcan más aún los músculos de brazos y pecho, y constituyen en si mismas una vestidura ajustada, entallada y armónica. Pero hay otra forma de entender el bondage, y es como moldeador de la personalidad. Cuando un cuerpo que está acostumbrado a ciertas formas de expresarse es moldeado con las cuerdas para expresarse de otra forma, esto ejerce una influencia en la personalidad.

Ya no es solamente la inmovilización en si, el hecho de estar a merced de la otra persona, sinó que ciertas posturas despiertan memorias ancestrales, de tiempos de esclavitud, de tiempos de guerra, sensaciones de desamparo entremezcladas con la confianza necesaria para dejarse atar. No me extraña que haya personas que al ser atadas tengan crisis de ansiedad, hay un miedo atávico relacionado con esa sensación, pero para aquellos que superan esa fase, surge una nueva de dulce abandono, de cerrar los ojos y dejar aflorar las sensaciones que las ataduras despiertan, las emociones que las posturas evocan, y es en ese momento en el que el bondage se acerca a su expresión máxima.

Es el arte de despertar los rincones prohibidos....

Los diseños de las cuerdas trazan nuevos surcos en el vínculo entre ambos, cada gesto de entrega se complementa con la delicadeza y el cuidado hacia ese cuerpo subyugado. La belleza propia del cuerpo, porque todos los cuerpos tienen su propia belleza, se une entonces a la belleza de una actitud humilde y cautivada.

Es la seducción de la rendición....

Y en ese momento de reverencia, de última pleitesía es cuando se despierta en mi una infinita ternura hacia ese ser humano, vulnerable y expuesto, al mismo tiempo magnífico y dócil, una muestra de la ductilidad y la riqueza de la naturaleza humana.