lunes, 20 de diciembre de 2010

The Magic Queendom (2): La escuela

La Escuela estaba situada en una ala alejada, manteniendo el estilo de los internados ingleses incluso en el diseño. Las aulas eran austeras, con sus pupitres y pizarras, y tenía sus propios alojamientos con baños comunitarios y comedor. En general pretendía despertar en los alumnos ese sentido de aprendizaje intensivo, y potenciar el internamiento y la inmersión psicológica.

La lista de 1200 candidatos se había reducido a tres grupos de 20 personas, dos de ellos de sumisos innatos y el otro de esclavos sexuales. La educación serí diferente para unos y para otros, y las profesoras habían sido seleccionadas cuidadosamente. También teníamos un grupo de Amas que habían manifestado su interés en aprender más sobre técnicas, y profundizar en la dominación psicológica.

En conjunto formaban una interesante experiencia sociológica, y aunque ya habían algunas escuelas dedicadas a promover los conocimientos del BDSM, en esta Escuela quería intentar algo diferente: recuperar la figura de los hokan y plantear las bases de cambio para una sociedad mucho más equilibrada. Era una idea utópica, pero al parecer había tenido resonancia en la comunidad BDSM y la prueba estaba en lo difícil que había sido elegir unicamente a 60 personas entre tantas candidaturas. Sólamente el proceso de selección había durado tres meses, con serías dudas y replanteamientos, pero al final, tanto para las profesoras como para mi, habíamos llegado a un consenso aceptable.

Me había reservado algunas de las asignaturas para formar parte del proyecto de una forma directa, y para poder evaluar personalmente el aprovechamiento de las clases y el aprendizaje.

Cuando llegué al aula me detuve un segundo ante la puerta, consciente de que éste podía ser el primer paso de un proyecto importante, un proyecto vital que permitiría a muchas personas poder vivir de forma consecuente a su forma de ser. El silencio me hizo sospechar que quizá no habían sido convocados en el lugar adecuado, pero al entrar me sorprendí gratamente al comprobar que las 80 personas estaban sentadas y esperando. Las Amas se sentaban en dos tarimas laterales que rodeaban las filas de sillas que se alineaban en el centro de la sala. Todas las miradas se dirigieron en mi dirección y me tomé mi tiempo para subir a la tarima, donde disponía de un micrófono para hablar.

- Buenas tardes a todos y bienvenidos a la escuela del Magic Queendom. - Se escuchó un leve murmullo de respuestas.- Como ya sabeis esta es la primera promoción de alumnos y alumnas... - me incliné ligeramente saludando a ambos lados de la sala, y finalmente al centro.-... y como tal tendrá siempre esa calidad especial de los pioneros, de los que se atreven a hacer algo diferente. Tal como se os informó en los memorándums que se os envió juntamente con el formulario de solicitud, vamos a recobrar una tradición japonesa, mezclándola con tintes de otras culturas, hasta convertiros en los primeros hokan occidentales, los equivalentes a las geishas, para haceros especialistas en complacer, agradar, satisfacer y honrar a las que vayan a ser vuestras Dueñas, Amas o Señoras.- Podía ver perfectamente a los alumnos de las primeras filas, y diría que sus ojos brillaban ante esta perspectiva, incluso se pudo escuchar algún suspiro.

Detrás de mi, en el escenario, estaban sentadas las 6 profesoras que iban a impartir las diferentes disciplinas: protocolo, habilidades sociales, técnicas, habilidades domésticas, inmersión histórica, y habilidades personales, habiéndome reservado para mi la de filosofía de la Dominación Femenina. Siete asignaturas, siete Mujeres de gran personalidad y conocimientos en sus campos, un número mágico, ya que todo lo que rodeaba este gran proyecto estaba impregnado de simbología.

- Veo que todos habeis recibido vuestros "uniformes" sin problemas, y me comentan que ya teneis asignados vuestros dormitorios. Habreis comprobado ya que los dormitorios y estancias de los sumisos no tienen puertas, y eso tiene su razón de ser: en este lugar nadie será forzado a realizar nigún tipo de práctica ni a aprender aquello que no quiera, y en ese sentido todo lo que se haga se hará a la vista de todos, y de esta forma también os ireis acostumbrando a que vuestra intimidad será la que vuestras Dueñas determinen.
Aun estando a unos metro de distancia podría decir que podía captar la aceleración de sus pulsos y sus respiraciones. Los uniformes estaban diseñados para mostrar en todo momento sus reacciones, formando ello parte de su aprendizaje.

- En los próximos días, vuestras respectivas profesoras... - la puerta a mi derecha se abrió impetuosamente y apareció un acalorado alumno que, al recibir las miradas curiosas de todo el mundo, enrojeció de golpe.

- Siento llegar tarde, el tren se retrasó y no conseguía encontrar... - le indiqué con un gesto que guardara silencio y que se sentara en una de las sillas vacías de la primera fila, lo que hizo algo azorado.

- Como os decía, vuestras respectivas profesoras os informarán del contenido de cada asignatura, y también lo que se espera de vosotros al finalizar el periodo lectivo. Para cualquier duda o problema que pueda surgir, Lady Katrina será vuestro enlace, algo así como vuestra tutora, y quien se encargará de velar para que no os falte de nada.- Me giré para presentar a Lady Katrina, mi buena amiga, que ya estaba de pie a un paso por detrás de mi e inclinaba levemente la cabeza en dirección a los asistentes.

- No quiero prolongar más la presentación, y únicamente agradeceros la confianza en esta escuela y en nuestra visión. En la sala contigua hay un pequeño piscolabis, el último en el que podreis elegir libremente lo que comeis, hasta que finalice el curso. - No pude evitar sonreir en dirección a las Amas, que asentían y se inclinaban ahora en mi dirección.

- Ese es el alumno 28, el que ha llegado tarde, ya te dije que... - miré a Lady Katrina con una sonrisa divertida.

- Querida, siempre tiene que haber alguien que dé la nota, es lo que hace que en toda comida, ese toque de pimienta la convierta en sabrosa. No te preocupes, no creo que nos dé problemas.- No demasiado convencida Lady Katrina bajó de la tarima junto con el resto de profesoras para entablar conversación con las Amas, que ya se habían reunido en el centro de la sala, donde iban a ser servidas por el personal del Magic Queendom.


jueves, 16 de diciembre de 2010

The Magic Queendom (1): Apertura

No había sido sencillo encontrar el lugar y mucho menos la financiación para un proyecto de este tipo y de esta envergadura, pero ahí estaban los planos sobre mi mesa de la remodelación del castillo, con los anexos temáticos, el ala de alojamientos, las cuadras, el pequeño circo romano, los baños árabes, los jardines, y una zona privada para el personal permanente. En conjunto unas 30 hectáreas, en un lugar remoto pero accesible, a escasamente una hora de distancia de Barcelona.

La discreción demostrada por el gabinete de arquitectos ante algunas de mis exigencias era exquisita, y tampoco había habido ninguna reticencia a emplear como mano de obra a personal cualificado ajeno a su empresa, personal que les había sorprendido por su dedicación y su capacidad de trabajo. Cuando se corrió la voz de que Magic Queendom se iba a construir no faltaron los voluntarios que querían contribuir al proyecto, con sus manos, con sus habilidades, sabiendo que entre sus paredes se iba a realizar uno de sus mayores sueños: el Reino de la Dominación Femenina en España.

Ya había otro referente, el OWK, situado en Praga, del que se contaban muchas anécdotas, pero no dejaba de ser un reducto para profesionales, algo muy diferente de lo que intentábamos hacer en el Magic Queendom. La idea de un parque temático, encuadrado en el mundo BDSM, pero dando prioridad a la ambientación histórica y a la faceta lúdica, era un enfoque diferente, con la intención de crear un entorno en el que las numerosas parejas de Amas y sumisos que había ido conociendo, más las que sabía que existían, tuvieran un lugar en el que dar rienda suelta a sus juegos y fantasías.

- Tenemos un retraso en la entrega del mármol rosa para los baños árabes. - Miguel era el encargado del proyecto y había demostrado una gran capacidad de adaptación, de ideas rápidas e innovadoras que se habían plasmado en un circo romano aparentemente antiguo con todos los beneficios de la tecnología moderna: calefación radiante, altavoces escondidos, asientos a dos niveles, argollas incrustadas en la piedra, y en conjunto era un rincón acogedor y al mismo tiempo sobrecogedor, sobre todo la parte de las mazmorras subterráneas, en las que sorprendia el aspecto lúgubre y a la vez cálido de sus estancias.

La intención general había sido la de recrear momentos históricos en los que el hombre se hubiera podido someter o situar en un escalafón inferior a las mujeres, ya fueran éstas nobles o influyentes, o simplemente de una raza "superior". El pequeño poblado de casas de madera que estaba en el extremo noroeste era una posible versión de un asentamiento de Amazonas, mujeres guerreras que se regían por un matriarcado, en cuya sociedad los hombres tenían un papel claramente secundario pero necesario.

- Bien, ¿eso nos retrasará la fecha de apertura? Sabes que las invitaciones están enviadas ya, y que la fecha tope es el 21 de Marzo, coincidiendo con el solsticio, y no me gustaría tener que retrasarla. Hay actividades relacionadas precisamente con esa celebración que no tendrían sentido hasta tres meses más tarde.

Estaba viendo las últimas fotografías del aspecto que estaba tomando el Templo Griego, dedicado a las Diosas en general, cada una representando una cualidad excelsa de la Feminidad, y me estaba imaginando ya como quedaría iluminado con focos indirectos, antorchas y velas, con telas rojizas envolviendo las columnas, y el aspecto radiante que tendrían las Mujeres ataviadas con túnicas doradas, las sacerdotisas que llevarían a cabo la iniciación de los numerosos sumisos que se habían apuntado a la lista de aspirantes, una lista que se había abierto al inicio del proyecto y que contaba ya con más de 1200 miembros.

- No, no, llegará a tiempo, igual que esa bañera forjada de cuatro patas que pidió para su baño personal... - ¿me lo parece o se ha sonrojado? quizá sea por la de "arreglos" que ha tenido que realizar en mis alojamientos privados, para los que seguro que habrá imaginado mil y un usos.

- Estupendo Miguel, y si no hay nada más que tratar, me están esperando en la escuela, para cualquier cosa me encontrarás allí.

- Muy bien, Señora. - Sonrío complacida mientras me retiro por la puerta del fondo, la que lleva al ala de aprendizaje, recordando la primera conversación en la que Miguel me tuteó y la cara que puso cuando le dije que me llamara Señora cuando tuviera que dirigirse a mi o preguntar por mi, Señora Alyna.


martes, 14 de diciembre de 2010

Serie Artúrica (4): La presentación oficial (2ª parte)

Durante la cena la charla es animada, y aunque los sirvientes de Pilar se acercan a mi plato para servirme, tú te adelantas a ellos, para ser tú quien lo haga. Es una delicia observar el estilo de tus ademanes, corteses pero deferentes, atento a cuando se vacía mi vaso para llenarlo. Ellas te observan aunque disimulen, lo sé porque desvían la mirada rápidamente cuando se cruza con la mía, como si no osaran mirarte sin mi permiso. Nos conocemos de hace años, y desde que ocurrió lo que ocurrió con Adelina hicimos un pacto entre nosotras: jamás desear el esclavo o el sirviente de otra, y desde entonces tenemos la confianza para presentaros en público, que constituye una de nuestras mayores diversiones.

Pero aunque exista el pacto, la curiosidad es una prerrogativa femenina inevitable y eres un manjar demasiado suculento como para dejar pasar la oportunidad de devorarte.

- Alyna, corazón... ¿nos vas a tener toda la noche hablando de bobadas cuando podríamos estar hablando de tú sabes quién? - Pilar ha sido la primera en abrir el frente, y las demás han callado de repente dejando detrás de sus inquisidoras miradas un silencio incómodo.

- Creo que ya sabeis todo lo que necesitais saber - sonrío para mis adentros mientras sorbo la limonada fría. Las muestras de desaprobación no se hacen esperar.

- No es justo que nos traigas a alguien y al menos no nos lo presentes. - Es el momento de mirarte, tu mirada al frente, tu expresión ausente, como si no oyeras nada.

- Que fina eres Lurditas, yo no quiero que me lo presente, quiero que le desnude - Candela golpea en la mesa y uno de los sirvientes de Pilar se acerca presto a rellenarle la copa de vino tinto. Con un poco de suerte para cuando se termine la cena estará tan bebida que ya no se acordará de nada, o caerá dormida en el sofá. Las demás me miran de reojo, intentando adivinar cual es mi intención. No saben que mi intención esta noche es ponerte a prueba a ti, pero no como ellas quieran. Quiero saber si... hay un paso entre sirviente y algo más, uno del que me gusta estar segura antes de darlo, ya que estás en mi casa contratado, y no me gustaría descubrir que cualquier otra expectativa sobre ti sería solamente cumplida por la remuneración. Y sólo hay una manera de saberlo.

- Bueno, ya que tanto interés teneis en hablar de él... - de nuevo el silencio expectante.- ... puedo comentaros que es un sirviente de primera categoría, da unos masajes de los que te quitan el sentido, tiene unas manos divinas, y cuando me enjabona... - creo que mi cara de éxtasis ha causado el efecto deseado, porque las cucharas del postre han quedado todas suspendidas en el aire, a medio camino entre los platos y sus bocas.

_ ¿Tan bueno es? - Parece que empieza a suscitar interés.

- Querida Feli, es tan bueno que pierdo la cuenta de los orgasmos. - Es una mentirijilla piadosa con una doble finalidad, la de secuestrar su atención y la de inquietar la tuya. Ellas desconocen que aun no me has tocado íntimamente, que siempre llevas guantes, pero su imaginación ya se ha disparado, al igual que supongo que la tuya también.

- Ostras Alyna, siempre has tenido suerte eligiéndolos, en cambio yo... - Candela ha tenido ya más de una docena de esclavos, con resultados muy variopintos, aunque ninguno favorable. - Ya sé que tenemos un pacto, pero caray, como me gustaría por una vez encontrar a uno como el tuyo.

- Si es así, Candela, estás de suerte esta noche, porque voy a despedirle. - Creo que esperar a que me estuvieras sirviendo la bebida para soltar esta bomba ha sido un poco cruel por mi parte. Menos mal que la limonada no mancha. Candela no pierde el hilo y se agarra al clavo ardiendo.

- ¿Estás segura?¿No dices que es tan bueno? - Es lógica su incredulidad, y tengo que reconocer que ver sus caras de desconcierto me divierte sobremanera. Romperle a los demás sus esquemas es algo que llevo practicando toda la vida y que tiene innumerables recompensas, aunque de vez en cuando también me haya llevado algún chasco.

- Y así es, pero me he cansado de pagarle, ya no quiero tener más sirvientes de pago, ahora sólo quiero sirvientes vocacionales, de los que me sirvan por el placer de hacerlo. Y claro, Arturo está conmigo por el contrato de trabajo, así que no me sirve.- Las piezas están colocadas en el tablero, y empieza la partida. Las chicas se miran unas a otras, ninguna se atreve a dar el primer paso, pero al mismo tiempo todas lo están deseando. Están acostumbradas a tratar con esclavos, no con empleados, y no saben muy bien como dirigirse a ti, y tampoco saben seguro si hablo en serio o estoy bromeando. Como me conocen... me gusta apostar fuerte y este movimiento es de jaque.

- Esto... Alyna... yo no sé muy bien si te das cuenta de que ahora el pacto ya no se aplica, puesto que acabas de despedirle, y por lo tanto ya no es tuyo... - Raquel siempre ha sido la más comedida y diplomática, aunque el brillo de sus ojos me deja entrever su interés.

- Por supuesto querida, ahora mismo Arturo es libre de decidir lo que quiera, ya no tiene una obligación contractual conmigo. - Mi mano se posa delicadamente sobre tu antebrazo que aun sostiene la jarra de la limonada, estás desconcertado ante lo que está sucediendo, y detecto un ligero temblor, y por una vez me miras directamente a los ojos. Pareces estar todavía digiriendo la información, aunque yo sé que eres muy listo y acabarás por comprender la jugada. O eso espero...

- Arturo... es Arturo ¿verdad? - Raquel está usando su voz más persuasiva, con ese tono de amabilidad irresistible. - Puesto que te has quedado sin trabajo, yo podría ofrecerte uno en mi casa, podría pagarte lo mismo que te estaba pagando Alyna y...

- !Yo te pago el doble que ellas! - Candela casi se cae encima de la mesa al ponerse de pie para dar énfasis a su propuesta, - !O lo que haga falta!

- Candela, niña, contrólate - la voz de Pilar suena autoritaria, es la única que puede controlar el temperamento explosivo de Candela.

- !Yo lo quiero! - Cae pesadamente en la silla, empujada suavemente por Feli.

- Bueno, yo creo que este joven tiene boca, así que ¿porqué no mejor quien quiera hacerle una propuesta que se la haga y que él decida? - Lo dicho, Raquel siempre tan armonizante. - Yo mantengo mi oferta, siento no poder mejorarla.. - Esa mirada de reojo hubiera atravesado a Candela si ella no hubiera estado tan perdida en su nube. Por supuesto el sopor ya está haciendo mella y no reacciona al comentario de Raquel, así que su propuesta queda en el aire. Las demás parecen dudar, es algo que no esperaban, y hay quien no tiene posibilidad de tener a nadie más o quien no quiere.

- A mi también me gustaría ofrecerte algo, y espero que sea suficientemente tentador. - Vaya, no lo esperaba de Pilar, que siempre está rodeada de sirvientes, ¿para qué querrá uno más? - Estoy buscando a alguien muy especial, que se ocupe no solo de la casa, de mi, sinó también de mis negocios... - Pilar se acaba de comer mi alfil, y ha desmontado mi jaque, tendré que sacar la artillería pesada. - Podría contratarte como mi asesor personal, secretario y estarías al mando de todos mis sirvientes, después de mi, claro está. Y cobrando quizá no el doble... pero sí algo más que ahora.

Bien, toda jugada corre el peligro de no haber tenido en cuenta todos los factores posibles, y en este caso no contaba con la aparición de Pilar en la ecuación. Parece que ya reaccionas y la propuesta no te parece descabellada, por la medio sonrisa que se dibuja en tu cara. Es el momento.

- Antes de que tomes ninguna decisión, Arturo, déjame comentarte algo... - me levanto despacio, dando a mi intervención la debida solemnidad, y de pie quedo un poco por encima de ti, no demasiado, pero sí lo suficiente. Me acerco rozándote levemente con mi cuerpo, como hiciera tantas veces a lo largo de este tiempo que has estado conmigo, acercando mi boca a tu oído, dejándote sentir mi respiración agitada, como cuando me bañas y tu mano se desliza entre mis piernas, acariciándote la nuca y susurrándote con voz sensual, grave - Sólo recuerda quién te hace vibrar, y quién aparece en tus fantasías, y pregúntate si eso hay dinero que lo pague... - Me separo de ti, mirándote fíjamente a los ojos, sabiendo que todo este tiempo has estado deseando algo más, no sólo a nivel sexual, sinó a otro nivel, dándole a tu servicio una trascendencia que no ha tenido hasta ahora. Tragas saliva, y un reguero de sudor perla tu frente.

- Creo que ya lo tengo claro, y sé lo que quiero.


Serie Artúrica (3): La presentación oficial (1ª parte)

Mientras esperamos al taxi que has avisado, me recreo en tu nerviosismo, en tus miradas de reojo al espejo de la entrada para asegurarte de que se te ve bien, en como te retocas el pelo, pensando que no te veo, porque uso el reflejo del cuadro que hay enfrente. En cuanto me doy la vuelta vuelves a tu compostura habitual, tu corrección, como si realmente solo saliéramos de compras, pero sabes que espero mucho de ti esta noche, y no quieres defraudarme.

Supongo que ya habrás hablado con el resto del servicio, y te habrán contado sobre las idas y venidas de los anteriores "asistentes", de como por las noches les despertaban aquellos sonidos secos y repetitivos que no sabían atribuir, de extrañas situaciones que les sorprendían...por suerte ya llevan un tiempo conmigo y han terminado por acostumbrarse a lo que ellos denominan mis "excentricidades".

Pero tú aún navegas por el mar de las dudas, estás empezando a conocerme, y eso te hace aun más encantador si cabe. De repente algo pasa por tu mente y me miras con curiosidad.

- Perdone, Señora, si me permite el atrevimiento, ¿cuántos invitados habrá en la cena? - Ya veo que pretendes anticiparte, estar preparado en la medida que puedas.

- Invitadas, son todo invitadas, y creo que seremos unas diez, más o menos.- El brillo de tus ojos te delata, diez mujeres pendientes de ti es algo que te entusiasma, sin duda.

- ¿Y habrá otros sirvientes, Señora? - Podría jurar que el pantalón te queda algo más ajustado que hace unos minutos, como si de repente mil imágenes estuvieran cruzando por tu cabeza. Espero que en ninguna de ellas aparezca más Señora que yo, no por celos, sino por una cuestión de territorialidad. En general los felinos evitan la competencia, a excepción de las leonas que cazan juntas, aunque creo que lo hacen más como forma de asegurar la pieza que por un verdadero sentido de colaboración. Es algo que he tenido ocasión de observar, a un grupo de cazadoras actuando en coordinación, siendo capaces de hacer caer al más resistente de los hombres.. caer de rodillas, por supuesto. Así que esta noche, entre tanta Señora, puede suceder cualquier cosa, y eso me parece hasta cierto punto estimulante. En realidad no sé la respuesta a esa pregunta, ya que no soy la anfitriona, pero me sirve para jugar un rato contigo, como la gata con el ratón.

- ¿Es lo que te gustaría, que hubiera otros sirvientes con los que compararte? - Por tu expresión deduzco que no iba por ahí tu pensamiento.- Ya veo, es al contrario, preferirías tener a diez Señoras para ti solito, a las que atender... - dejo el comentario en el aire, que por el rubor de tu rostro veo que ha dado en la diana - ... será que no tienes suficiente con atender a tu Señora... - justo esa expresión de contrariedad buscaba, el dilema entre tus fantasías y las mías, entre complacer tus deseos o los míos.

- No, Señora, no quisiera servir a ninguna otra, yo ya he encontrado lo que buscaba. Solo que imaginaba que al atenderlas a su entera satisfacción haría que usted se sintiera orgullosa de mi. - Una respuesta inteligente, diría que bastante sincera, si no fuera por el reguero de sudor que se ha formado alrededor del cuello de la camisa, que contrasta claramente con la palidez del rostro.

- Por supuesto, pero recuerda que no se trata de SU satisfacción, sino de la MIA. - Esas lobas son capaces de aprovecharse de la situación, como si no nos conociéramos ya. En cuanto ven la oportunidad de darle un bocado a un buen trozo de carne se olvidan del código y hasta de sus nombres, sobretodo Candela, que últimamente está pasando bastante hambre desde que se quedó sin esclavo, creo que por eso anda algo desquiciada. No se puede ejercer de Señora sin alguien que ejerza de sirviente, es ley de vida.

Al final llegamos sin incidentes a la casa de Pilar, un chalet a las afueras, de altos parterres y un dineral gastado en medidas de seguridad y aislamiento. Es un lugar de encuentros, y cita obligada el último domingo de cada mes, cuando se celebra la reunión privada a la que solo los más allegados tienen acceso. De momento no he tenido ocasión de traerte, aun no estás preparado, y esta cena me servirá para ponerte a prueba. Llamas a la puerta, observándolo todo, y nos abre Toño, el sirviente de Pilar, bueno, uno de ellos. Si no recuerdo mal Toño lleva con ella años, casi desde que la conozco, un hombre discreto, educado y obediente, que la sigue por toda la casa atento a sus indicaciones. Me sonríe al reconocerme y me indica el conocido camino hasta el salón. Estas cortesías son importantes aunque parezcan obvias, sirven para delimitar, definir las posiciones. Al entrar se hace el silencio entre las seis mujeres presentes, un silencio expectante, revelador de que hablaban de mi antes de llegar.

- Vaya, si que habeis llegado pronto ¿ya estabais aburridas en casa? - Me siento en uno de los sillones y enseguida te arrodillas a mis pies para quitarme los zapatos, y darme un masaje, sabes cuanto me machacan los pies esos zapatos, y eso levanta un leve murmullo de aprobación. Al terminar permaneces a mi lado, arrodillado con la mirada dirigida al suelo, viendo si mirar, oyendo sin escuchar.

Intento observarte desde el punto de vista de ellas, de alguien que te ve por primera vez, y sé que tu rostro agradable, tu elegancia, tu pecho marcado, tus manos delicadas, tu trato exquisito, tu fuerza rendida a mis pies, no las deja indiferentes.

- Fuimos juntas de compras antes de venir - me comenta Feli, mostrándome un uniforme de asistenta, con delantal blanco y cofia, con una sonrisa torcida que reconozco perfectamente.

- Feli, querida... solo si te portas bien, lo cual es bastante difícil para ti.- Sé que es algo que forma parte de tus fantasías, el servir a un grupo de Señoras vestido de asistenta femenina, pero es algo que solo voy a permitir si eres el único sirviente presente, cosa de la que aún no estoy segura. Y por otra parte me divierte el que estas brujas entrañables sufran un poco, están demasiado acostumbradas a ver cumplidos todos sus caprichos. Pero tus ojos ya se han posado sobre esas prendas, tu respiración se ha agitado y me ha parecido ver una sonrisa fugaz, que ha desaparecido tan rápidamente como ha surgido. Es lógico que la curiosidad, la expectativa estén alimentando tu imaginación.

Suena el timbre de la puerta y llegan las dos que faltaban y aun no hay señales de la anfitriona. Veo desaparecer a Toño rápidamente, así que seguro que ha ido en su busca. A Pilar le encantan las entradas triunfales, y en efecto, a los pocos minutos aparece llevando tras de sí a dos esclavos con collares y cadenas, magníficos enfundados en sus ropas de látex, irreconocibles tras sus máscaras.

Es el momento de los saludos y de comentar el buen aspecto que tenemos todas, algo de lo que no se duda jamás. De reojo observo tu comportamiento, atento a pesar de parecer absorto en el diseño del parquet. Bajo la mano y te indico con un leve gesto que te acerques, haciéndolo inmediatamente, y te indico con otro gesto que te coloques debajo de mi en posición de banqueta, para poder sentarme y seguir charlando, ya que no hay suficientes asientos. Hemos establecido un sencillo lenguaje de signos para las veces en las que no me apetece hablar, o como en este caso, cuando hacerlo interrumpiría una conversación.

- ¿No vas a desnudarle? - Creo que habrá que conseguirle un esclavo nuevo a Candela y rápido, ya que empieza a tener las manos muy largas.

- Candela, cielo, aquí solo toco yo. - Con cariño retiro la mano que ella ha posado en tus nalgas con tan poco disimulo, y aprovecho para acariciarte descaradamente, provocando la salivación de Candela.- Y no, no voy a desnudarle, me gusta tal y como está.- El mohín en su cara me divierte, y el tener el dominio sobre ti me produce un hormigueo de satisfacción.

- Eres horrenda, no nos haces ni una concesión. - Sonrío, como lo haría ante una niña caprichosa.

- La noche es joven Candela, no quieras empezar por el final. - Esta vez sonríen todas, con miradas de complicidad, y debajo de mi, tú te estremeces.


Serie Artúrica (2): El baño

Me asomo por la puerta, sin hacer ruído, me gusta sorprenderte en tus quehaceres diarios, observarte furtivamente, aunque estoy convencida de que notas mi presencia antes de que yo misma decida venir. A veces me asusta la capacidad que tienes de adivinar mis deseos, pero me resulta muy relajante no tener que estar decidiendo continuamente. Parte de vivir más cómodamente es el no tener tantas cosas en la mente, simplemente poder disfrutar de las delicias que mi vida me proporciona... siendo tú la más sabrosa de todas ellas.

Inclinado sobre la bañera, con tu camisa blanca casi transparente, tus pantalones ajustados, siempre me ha parecido muy sensual adivinar más que ver, y aunque sé que algunas de mis amigas prefieren a sus sirvientes desnudos, a mi me quita el placer de redescubrirte una y mil veces. El deseo se alimenta con la carencia, desear es no haber conseguido aún, y es anhelar el volver a tener o volver a sentir.

- Mmmmm.... esencia de rosas, mi preferida.- Te giras de inmediato, como si te hubiera sorprendido, y de rodillas aún te inclinas ante mi.

- Señora, he pensado que era la más apropiada para el vestido que ha elegido para esta noche.- Miro en dirección a la cama, donde el raso rojizo destaca sobre el negro de las sábanas de seda. Un vestido de escote largo, pero ceñido sobre las costillas, suelto hasta los pies, fresco y que se adapta a mis formas con naturalidad.

- Es una buena elección, ¿está ya el baño preparado? - Curioseo entre las toallas, cremas, jabones, acariciando tu cabeza al pasar por tu lado. Siento como tu mejilla me roza la pierna, en un gesto de adoración. Puedo sentir esa voluptuosidad que imprimes en cada roce, con delicadeza, con disimulo, enervando cada fibra de mi feminidad.

- Sí, Señora, estaba comprobando la temperatura del agua, y está justo como a usted le gusta, ni muy fría ni muy caliente... - Y esperas... esperas el momento en el que te diga que puedes desvestirme, que puedes ayudarme a entrar en la bañera, y conoces cada paso del ritual: verter el agua sobre mi cuerpo, viendo resbalarse las gotas por mi piel y sobre mis pechos, mirando sin mirar, deseando sin poder, porque entonces te enfundas esas manoplas de toalla, con las que me enjabonas, pero no puedes sentir el tacto de mi piel en tus dedos, solo adivinar por los roces casuales que te permito tener, incluso cuando enjabonas mis zonas más íntimas el guante te impide sentir plenamente sus formas, y sólo puedes alimentarte de los suspiros que me provocan esas toscas caricias. El cabello es lo único que puedes tocar con tus dedos desnudos, y al enjabonarlo noto que juegas con él como si ensortijaras mi vello púbico, como si acariciando mi cabeza pudieras acariciar todo mi cuerpo.... y así es... noto como me recorre una sensación electrizante que despierta mi deseo... y sonrío.

- Es suficiente, Arturo, hoy no podemos llegar tarde, es tu presentación oficial. - Hace semanas que comento con mis amigas que he encontrado al sirviente perfecto, y están todas muertas de curiosidad. Por supuesto la invitación a una cena formal no se ha hecho esperar, y para ello he encargado un traje que te queda indecorosamente elegante: camisa de pecho abierto, pero no demasiado, no quiero que parezcas un escaparate, pantalón ajustado pero no estrecho, a medida, con la caída perfecta, incluso esos gemelos que han dejado de usarse y que a mi me parecen tan distinguidos.- Ve a vestirte, está todo en tu habitación. - Te levantas, dudando, no es habitual romper el ritual del baño, en el que acto seguido me secas con la toalla, uno de los mejores momentos para tí, porque me abrazas al hacerlo, y mucho menos perderte el placer de vestirme, de colocar cada una de las prendas sobre mi cuerpo. - Vamos, Arturo, no te quedes ahí parado...

- Entonces ¿no desea que la vista hoy? - Ese ceño fruncido es tan adorable... las costumbres tienen su parte buena, no hay que ir recordando las cosas, pero si hay algo más delicioso que establecer una costumbre, es romperla.

- No, hoy me vestirá Lucía. Venga que se hace tarde... - te indico con la mano que salgas del baño, y ya en la puerta te giras y te inclinas de nuevo, sonriendo para ti. Reconozco que eso me entusiasma, la capacidad que tienes de comprender las sutilezas de mis decisiones, a pesar de que supongan para ti un cierto desaliento por la frustración.