La humillación es el tema estrella en el que me estrello a menudo: no la pillo, la verdad. Quizá sea porque me resulta altamente escurridiza de comprender. Para mi, humillación significa que alguien se siente mal por una situación, por algo que hace o dice, o le hacen o le dicen... pero desde que estoy en el mundillo del BDSM, esto de sentirse "mal" ya no sirve de barómetro ¿porqué? Pues porque hay quien precisamente busca sentirse "mal" como forma de excitarse. A partir de ahí las posibilidades de meter la pata son astronómicas (y para los que nos tienen en un pedestal, aclaro que no somos infalibles, también metemos la pata).
¿A qué me refiero con meter la pata? Si yo lo que quiero es humillar a alguien, me bastaría con saber qué le causa vergüenza o pudor, o degradación o desprecio, y aplicarlo. Esa parece la aparente fórmula para el éxito, pero... ya os avisé de que la humillación es un bicho escurridizo, y lo que hoy ha producido una interesante y excitante erección, mañana toca una fibra sensible y esa misma persona siente que algo se ha roto.
Es una sensación muy desconcertante y dolorosa, ya que la humillación se mueve en el delicado terreno de la confianza, es decir, cuando alguien a quien queremos nos hace daño, eso rompe un cachito de nuestra confianza en esa persona (confiar en el contexto del BDSM implica esperar que la otra persona no nos haga daño, entendiendo como tal, algo dolorosamente indeseable). Como veis nos movemos de nuevo en la paradoja, en la que el dolor, el daño, la humillación, pueden ser buscados y deseados, pero en los casos en los que la persona no lo siente así, son percibidos como abusos de confianza.
Por supuesto que tanto unos como otros (sumisos y Dóminas) somos conscientes de que es una línea muy delgada y llena de matices la que separa la excitación de su opuesto, y de que la persona en la que confiamos camina todo el rato sobre la cuerda floja.
No es suficiente con conocer muy bien a la otra persona, ya que hay factores que se escapan a nuestro control: se puede tener un mal día, estar más sensible, o simplemente interpretar de otra forma diferente la situación. Aquí no hay culpables, pero sí hay inconvenientes. Se dice que jugando con fuego al final uno se quema, y en este mundillo acostumbramos a jugar con todas las precauciones cuando se trata del nivel físico, pero es mucho más complicado tener precauciones a nivel psicológico. ¿Cómo podemos evitar que la otra persona sienta que le hemos fallado? Excepto la respuesta lógica, que sería no meterse en el terreno de la humillación, no hay otra solución que el cariño, observar todas las reacciones y una muy buena y fluída comunicación.
Prefiero detener un juego y explicar como lo estaba viendo yo, a que ese juego se prolongue y cause un mayor daño, porque no es el juego lo que me interesa, sinó lo que siente la otra persona. Yo puedo percibir algo como denigrante, y en cambio la otra persona estar disfrutándolo. Mi objetivo es el placer compartido, el bienestar de ambas partes y si uno de los dos no lo está pasando bien, entonces no tiene sentido.
¿Qué es para mi definitivo en el caso de la humillación? Pues dado que yo no sé lo que siente el otro en todo momento, lo que es definitivo para mi es lo que el otro me diga. Y si dice Basta, es Basta... después de un comprensivo y cariñoso abrazo ya vendrán las explicaciones y los porqués.
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