lunes, 19 de diciembre de 2011

¿Existe o debería existir el cortejo en el BDSM?


Ya en su momento comenté que lo que me atrajo de este mundillo fué el trato exquisito de respeto y caballerosidad que recibía por parte de los sumisos, que me devolvía a otras épocas en las que este tipo de tratamiento era habitual, y que a mi me fascina. Para mi ese tipo de trato, más allá del respeto, puede englobarse en lo que denomino BDSM romántico, quizá con ciertos toques victorianos. Más adelante mi ilusión se tornó en sorpresa al darme cuenta de que poco se hablaba de la vertiente romántica del BDSM, a pesar de que, quien más quien menos, afirmaba andar tras la relación ideal, en la que no solo existiera un vínculo Ama-sumiso, sinó algo más, lo que se suele entender como una relación de pareja (digo "suele" porque mi manera de entender una relación de este tipo es algo diferente a lo convencionalmente aceptado como tal).

¿Porqué digo que se hablaba poco? Porque en la mayoría de las explicaciones que encontraba mientras investigaba, en los blogs y escritos, se trataba mucho el tema de la obediencia, de la dominación, de la entrega de la voluntad y del control, la adoración se refería a alguna parte corporal de la fémina, y de soslayo se hablaba de algo así como subespace, como una nebulosa en la que se podía perder el sumiso absorto en sus propias sensaciones... ¿y el afecto?¿y el amor?

A esto se sumó una situación desconcertante, y es que en mis múltiples conversaciones me daba cuenta de que todo era muy directo. Me explico: normalmente cuando se conoce a alguien nos interesa saber cómo es la persona, si nos cae bien o mal por su forma de expresarse y de entender la vida, de tratarnos, saber si tenemos afinidades o intereses comunes y qué podríamos compartir,y si además nos resulta una persona atractiva o interesante, intentamos averiguarlo todo, no solo porque resulte de interés, sinó para saber si podríamos encajar. Este proceso lleva un tiempo, y durante ese tiempo existen aproximaciones más o menos sutiles, señales que nos indican si nos gusta la otra persona o si le gustamos, hay un cierto coqueteo cuando la otra persona nos resulta atractiva, insinuaciones veladas, una cierta seducción hasta que se pone de manifiesto si existe un interés mútuo. Es lo que llamamos cortejo, y a mi me resulta muy estimulante y divertido. Y útil.

Parece que al intentar separar el BDSM de los sentimientos también se ha perdido gran parte de este arte de cortejar, o eso o nos hemos vuelto más cómodos. Repasando como nos conocimos mi sumiso y yo me doy cuenta de que existió ese proceso de una forma sutil, y que así fué como, poco a poco, me fué conquistando. Quizá sea mi manera de entender las relaciones y que ésta no tenga nada que ver con el BDSM, pero lo que había visto hasta ahora no me resulta para nada atractivo. Que alguien se te presente y después del saludo te diga en qué puede servirte, y le digas que conversando ya te ayuda, y te responda "¿sólo eso?", pues la verdad es que no te predispone para seguir con la conversación. Por otra parte existe una costumbre o norma no escrita en la que yo también piqué al principio, que consiste en el trámite de la "presentación". 

Quizá esto sea fruto de los tiempos materialistas y fast-food que vivimos, y que parezca recomendable para no perder el tiempo ni hacérselo perder a la otra persona, lo de explicar nada más presentarte todas las cosas que te gustan, con las que fantaseas o que has hecho anteriormente, incluyendo la experiencia y los datos físicos. Yo no digo que no sea práctico, pero no hay magia en que alguien te cuente su currículum, porque se pierde la fascinación de ir descubriendo que se tienen gustos afines, o fantasías compartidas. Pero iré un poco más allá, y es que después de la presentación inicial, la siguiente pregunta es "¿le intereso para ser su sumiso?", a lo que a mi siempre se me ponen los ojos como platos, ¿se supone que con esos datos soy capaz de saber como es una persona? 

Siempre decimos que lo importante son las personas, pero con este intercambio de información las convertimos en meros productos, perfiles de una página de contactos, y lo que es más, este inicio afecta al resto del desarrollo de la relación. Por ejemplo, supongamos que se diera el caso de que hubiera afinidad en gustos dentro del BDSM, eso podría ser un principio si lo único que nos interesara fuera compartir un par de horas haciendo cada cual lo que le gusta. Para mi es algo incompleto, porque no es lo mismo atar a alguien a quien no conozco y que no me dice nada, a atar a alguien con quien me une la confianza y la complicidad, por no decir la atracción mútua. Sería lo mismo que ir a una sala swinger, echar un vistazo, elegir, tener un contacto sexual y después cada cual a su casa. Pobre, muy pobre. Y que conste que no digo que no pueda resultar divertido, pero para mi sería eso solamente, diversión.

Y es que como ya he dicho muchas veces para mi el BDSM es algo más que diversión (y respeto a quien lo vea y lo viva como una simple diversión, pero no nos entenderíamos). Incluso para un rato de diversión yo necesitaría algo más, una conexión, un caerme bien, y para eso es preciso relacionarse, hablar, y compartir algo más que una lista. Y tiene que haber algo más que el puro interés por satisfacer unas fantasías sexuales, porque si es para eso, yo no comparto mi intimidad, es algo muy privado.

Siguiendo con el ejemplo, digamos que las listas coinciden, y después de una pormenorización de "a mi me gusta así o asá", el paso siguiente sería conocerse, tomando un café algunas veces, pero otras se pretende pasar directamente a la acción ("me gustaría servirla, Señora", lo que yo interpreto como necesidad de tener ya una aproximación más íntima). Normalmente en una relación se da un periodo de unos meses en el que ambos se van conociendo, cuentan aspectos de su vida, de su pasado, y se comparten situaciones cotidianas que nos dan una idea de como sería una relación continuada con esa persona. En el mundillo del BDSM parece que la vida privada es otra dimensión, la dimensión desconocida, y que todo lo que se trate debe ser alrededor del BDSM, porque lo demás se califica de "vida privada" y le atañe a cada uno. Con un poco de suerte la otra persona puede llegar a ser sincera en cuanto a su situación familiar, pero el secretismo forma parte de intentar protegerse de filtraciones o de indiscreciones que pudieran ponernos en una situación comprometida en el mundo convencional. O peor aún, ocultar la absoluta falta de interés en nada más que no sea la satisfacción de los deseos.

Pero supongamos que de forma malabarista hemos conseguido arañar algunas pistas que nos indiquen que esa persona nos cae bien y que podría funcionar en una relación, al menos D/s. Después del primer café parece que nadie se plantea otras opciones, como ir a cenar, pasear, quedar para charlar... Y es como si nos despersonalizáramos, y el siguiente encuentro ya es para "jugar", sin saber siquiera como puede reaccionar una persona ante determinados estímulos, ni siquiera si puede tener problemas de salud que puedan darnos algún susto. Y se queda unas cuantas veces. Al principio son necesarias algunas veces para al menos tantearnos, porque no todo el mundo practica igual, o juega de la misma forma, ni tiene la misma forma de dominar. Pero siguiendo con un caso optimista supongamos que después de un reajuste inicial los gustos se equiparan. Ahí empieza el periodo de bonanza, en el que ambos se divierten... hasta que llega la rutina. Y ésta llega. Por mucho que se diga que lo bonito del BDSM es la fantasía, soy de la opinión que incluso la lista se llega a agotar, y se empieza con la peligrosa escalada del "más difícil todavía" o lo que se suele denominar "progreso de la relación D/s". Esto consiste en probar cosas nuevas o añadir más intensidad a las que ya se practicaban, hasta que se llega al tope, al límite. Porque los límites existen. Y ahí se llega a la meseta... y después de la meseta ¿qué queda? ¿volvemos a empezar con la lista esta vez en orden alfabético?

En mi opinión se pierde lo más bonito, que es disfrutarse como personas, porque el mundo de las sensaciones es limitado. Y a eso contribuye el cortejo, no porque intente conquistar a la otra parte, que en parte también, sinó porque es un periodo en el que se mantienen latentes nuestros deseos sexuales, y desarrollamos otro tipo de deseos diferentes. Deseo por coincidir con la otra persona, de que nos hable o nos mire, deseo de mostrarnos, de buscar en nosotros aquello que le pueda gustar, de ver en la otra persona qué nos gusta, de valorarla, compartir lo que decubrimos, lo que vamos sintiendo, anhelar una simple caricia o una sonrisa... es una fase de sufrimiento: ¿le gusto?¿le intereso?¿podría funcionar?, pero al mismo tiempo es una fase de ilusión, donde cualquier indicio se vive con esperanza. 

Me entristece pensar que eso se pierda en aras del pragmatismo, del "yo Tarzán , tú Jane", de las matemáticas bedesemeras o la lógica que dice que "si a A le gusta X y a B le gusta X, entonces A+B = X2"... ¿no resulta esto un poco frío? Falta el calor de compartir algo más que los cuerpos o las fantasías, falta el derretirse ante cada gesto del otro, anhelar su presencia, devorar cada cada miguita en el camino que indique que al final nos espera una casita de chocolate. 

O incluso cuando todo este proceso pueda desembocar en el desencanto, en que la relación no se consolide o no exista esa conexión, me parece muy enriquecedor. No es necesario verlo como un fracaso personal, sinó de vivirlo como lo que es: el natural desarrollo de nuestra vida social, en la que a veces encontramos personas afines y a veces no, en la que a veces se consigue lo que queremos y a veces no, pero que eso no nos desmerece en absoluto como personas.

Me gusta la magia, y si puedo elegir, prefiero que exista esa magia también en el BDSM.


viernes, 16 de diciembre de 2011

La D/s como forma de vida

El mundo del BDSM es muy amplio, e incluye diversas maneras de entenderlo, desde quien lo considera una forma de sexualidad alternativa, o un juego, a quien lo vive como una forma diferente de relación. Creo que esta visión puede evolucionar, igual que lo hacemos nosotros debido a las experiencias que vamos teniendo.

A pesar de mi espíritu lúdico, me cuesta considerar el BDSM únicamente como un juego, ya que podría pensarse que, como tal, tiene un principio y un final. Puede darse el caso de situaciones puntuales en las que sí se produzca esa condición de juego, de diversión sin compromiso, como una forma de aprendizaje o de compartir unos buenos momentos sin más expectativas.

Si lo considerara únicamente una forma de sexualidad alternativa, creo que sería una forma de dejar fuera de la ecuación los afectos, las responsabilidades, y que se quedaría todo en la dimensión del disfrute y del placer. Este sería el caso de las personas que se acercan al BDSM por tener alguna preferencia sexual o fantasía erótica poco convencional y que buscan satisfacerlas con alguien con quien las compartan.

Así que en mi caso optaría por considerarla una forma de vida, con todos los matices necesarios para definirla, y le añadiría esos aspectos lúdico y sexual como parte de los ingredientes.

¿Cómo sería para mi una forma de vida basada en la D/s?

Si intento definir los pilares que sustentarían esta visión, diría que algunos de ellos están más allá de una relación con un sumiso, o incluso podría pensarse que están más allá del BDSM, como es mi necesidad de que las personas a mi alrededor sean conscientes de su valía, de su personalidad, de que vivan una vida auténtica, y de que busquen siempre una mejor versión de si mismos. Y es que para mi el BDSM es mucho más, es un camino de exploración, el más intenso, el más profundo, porque nos encara con lo que más nos gusta de nosotros mismos, pero también con lo que menos, y nos plantea incluso cuestiones de identidad.

La existencia de roles permite que cada cual elija desde qué perspectiva quiere experimentar esta evolución personal, y entiendo que, aunque se produzca un aprendizaje mútuo, uno asume el papel de guía y el otro se deja guiar. Para quien realmente lo sienta, esto implica un pacto: por una parte de seguir juntos un trecho del camino, y por otro asumir una voluntad constante de seguir enriqueciéndose, de seguir investigando, de aprender, perfeccionarse, profundizar.

Y es que una relación sincera no nos permite escondernos, y mucho menos debería una relación D/s permitir escondernos detrás de los estereotipos, porque entonces convertiríamos un mundo multidimensional en su versión en dos dimensiones. Una relación D/s no deja faceta sin tocar, incide en lo que se siente, en lo que se piensa, en lo que se imagina, en lo que se desea, en lo que se es, en lo que gustaría llegar a ser, en la confianza de que la otra persona nos valora tal como somos. Por eso huyo de las definiciones encorsetadas de Dómina y sumiso, porque al final lo importante es esa base de compenetración, atracción, admiración mútua y sinceridad.

Disfruto mucho cuando en mi relación puedo cambiar de un tratamiento más ortodoxo a uno más informal, o  cuando con dos palabras puedo dejar al otro sin ellas, conocer hasta tal punto a la otra persona como para ser capaz de sorprenderle, de leer en lo más escondido de su mente, de comprender lo que necesita y cómo y cuando lo necesita, que no siempre se trata de fantasías o de sexo, a veces lo que se necesita es un abrazo o una palabra de apoyo, o simplemente mostrarle claramente algo que se le escapa. Me encanta cuando mi experiencia le sirve para aprender algo nuevo, para descubrirse un poco más, para dejar aflorar nuevos deseos, ilusiones, cuando siento que deposita en mi toda su confianza, sabiendo que lo que más deseo es verle feliz a mi lado.

Pero también me siento privilegiada porque me siento arropada, comprendida, cuando puedo confiar en que me cuide, en que se ocupe de todo, cuando me doy cuenta de que para él soy lo más importante, que me mira... y me admira, que me valora me vista como me vista, me comporte como me comporte,  que me escucha y que mis consejos le son útiles, que crece a través de mi y conmigo, y yo con él. Adoro esa modestia y esa humildad, el que se deje llevar de la mano e incluso a veces con los ojos vendados, sin cuestionar nada, con la certeza de estar donde quiere estar, a los pies de quien procura por él. 

Y lo más importante de todo es cuando puedo ser yo misma, sin perder un ápice de autoridad, de influencia, poder ser y mostrarme vulnerable, contar con su fuerza y su cariño, delegar por unos momentos las decisiones en él, verle desenvolverse con soltura en cualquier situación, para, a un gesto mío, volver a mi lado, a mis pies, la cabecita inclinada sobre mi regazo, aislándose de todo y de todos, concentrándose en mi.

Ser el centro de una adoración tan exquisita no me coloca en un pedestal, ni en el Olimpo, me hace tremendamente consciente del poder de mi influencia, y a la vez responsable de dar lo mejor de mi en todo momento, de evolucionar, de poder aportar algo nuevo, diferente, de innovar, de mantener vivas mi curiosidad y mi ilusión, mi jovialidad, y porqué no, de mi inocencia. Cuando existe ese grado de confianza con alguien todo se vuelve cristalino, puro, no importa como lo juzguen los demás, o la sociedad, sabes que esa persona te comprende y te acepta, y si se vuelve tan importante en tu vida es porque te permite simplemente SER.


miércoles, 14 de diciembre de 2011

A vueltas con el 24/7

Otra de las leyendas del BDSM es el ideal de una relación D/s que sea continua, el famoso 24/7. Pensando sobre ello me planteo muchas cuestiones ¿es sólo un ideal?¿es realizable?¿es conveniente?

Por una parte creo que es necesario dar cabida a todas las dimensiones de nuestra vida, en el que la D/s es solo una parte (más o menos grande), porque es preciso relacionarse con otras personas y ambientes, y también tener metas y objetivos propios, ajenos a otras personas, es decir, retos individuales. Esto también se podría aplicar a las personas que se centran demasiado en su pareja, olvidando que ellos mismos tienen una vida que vivir. Y es que cuando se crea un "nosotros" parece que el sacrificio está justificado. Yo no creo en el sacrificio, creo en la colaboración, y cuando es preciso que sacrifiquemos una parte de nosotros es que algo no funciona, y ese "nosotros" lejos de enriquecernos, nos empequeñece día a día. Por supuesto se me puede decir que hay sacrificios que valen la pena, y no dudo de que haya quien lo vea así, pero para mi son reminiscencias de unas creencias demasiado asociadas al conformismo.

Una relación D/s comporta un cambio de roles, un cambio que choca en este momento con lo establecido socialmente, y en este sentido es complicado mantenerse al 100% en todo momento, precisamente por ese conflicto que se manifiesta en cuanto nos relacionamos con personas fuera del mundillo. Por supuesto esto tiene sus matices, es decir, que en público se cambie el Usted por el Tú, no significa que exista menos adoración y respeto, al contrario, se crea una complicidad aun mayor entre ambos.

Hasta hace poco creía que no era realizable una situación así, que era una demanda excesiva para ambas partes, y sigo pensando que, salvo en determinadas condiciones, es complicado mantener esta disociación con la sociedad. Hace falta un ingrediente importante para poder integrar ambos mundos, para que el paso de uno a otro, o el entrelazado de ambos sea armónico.  Ese ingrediente es una mezcla de compenetración, confabulación, mucho cariño (mucho mejor si es más que cariño), comprensión y amistad. 

Bajo mi manera de ver la vida, una manera de conseguir ese tan ansiado 24/7 sería respetar los tiempos de cada uno, no pretender una entrega absoluta en todo momento, sinó que permaneciera latente, presente como transfondo, permitiendo el normal desarrollo de la vida cotidiana. Es como superponer capas sin excluir ninguna de ellas, lo que permite disfrutar con plenitud los instantes en los que la D/s se coloca en primer plano.

Por otra parte no olvidemos que las relaciones D/s comportan la aceptación de unos roles, con su propia carga conductual, que como cualquier otra prenda no es bueno llevarla siempre puesta. Es preciso dejar de vez en cuando en el arcón esas vestiduras para poder mostrar otros aspectos de nuestra personalidad, para no convertirnos únicamente en estereotipos encorsetados. Y es que lo importante de una relación D/s está en la primera parte: la relación.

Como base de esa relación está la comprensión y aceptación mutuas, y para comprenderse hay que conocerse en todo tipo de situaciones y circunstancias, muchas de ellas con nada o poco que ver con el BDSM. Por supuesto que si la admiración, el respeto, la adoración y la entrega existen, éstas se manifiestan en todo momento, incluso cuando dejamos el collar de lado. Y es que el collar que más se siente no es el que nos colocan, sinó el que nos colocamos. Lo que sentimos hacia otra persona no desaparece aunque nuestra atención la ocupen otras actividades, y en el fondo seguimos sintiendo esa pertenencia, la dulce miel de sentirnos arropados en una relación que nos hace sentir más libres que nunca, aunque esa relación se simbolice con el collar de la servidumbre.

Una relación verdaderamente 24/7 lo impregna todo, aunque no lo contamina, lo enriquece. En realidad es saber que cuentas con alguien, y que ese alguien cuenta contigo. Que cada uno reconoce y acepta los rasgos del otro, esos que identificamos como Dominación o sumisión, pero que sobretodo aceptamos a la persona, con sus diferentes expresiones, sin idealizarla ni esperar que se comporte siempre de una determinada manera. Y en esa libertad de dejar ser, encontramos nuestra propia libertad, y es así como yo creo que puede llegar a funcionar una relación 24/7.


martes, 13 de diciembre de 2011

Relación Dominación/sumisión y transgénero

Puede sorprender que después de tratar el tema del transgénero en la feminización, ahora lo relacione propiamente con las relaciones D/s, pero es que en este tipo de relaciones no se produce únicamente una cesión de poder, sinó que literalmente se produce una cesión o intercambio de roles, de lo que tradicionalmente se atribuye al género femenino y al masculino: hombres dedicados a las labores del hogar, que esperan la llamada o la llegada de sus Amas, y Mujeres que deciden sobre los puntos principales de la relación. 

En este sentido las relaciones D/s son pioneras en una revolución social que está en marcha, donde la identidad de género empieza a tambalearse, donde las fronteras entre lo atribuible a lo masculino y lo femenino empiezan a ser difusas. No se trata en este caso de igualar, la época de la igualdad de género más allá de los derechos humanos ya ha pasado de largo. Se trata de explorar ambos géneros en uno mismo, en alcanzar una evolución conjunta de ambos aspectos en nuestra personalidad, resultando en seres humanos más completos.

Las grandes revoluciones se producen en momentos de crisis, y ahora mismo estamos en crisis. No es únicamente económica, ni política, es también social, y personal. Es el momento de reconocer que los antiguos modelos ya no funcionan y buscar modelos nuevos, y esto también afecta a las relaciones. Ahora nos planteamos cuestiones que hace unos pocos años eran incuestionables: "propiedad de", relaciones plurales con más de dos miembros, servidumbre, control de la sexualidad... Puede parecer a priori que estamos dando pasos hacia atrás, volviendo a otras épocas en las que se daban este tipo de situaciones y que ahora nos parecen represivas, pero en realidad es otra vuelta de espiral, un reequilibrio, porque faltaba esa vivencia y esa comprensión por parte de todos.

A partir de aquí podemos cerrar este círculo y abrir uno nuevo. Como me dijo hace poco una Ama amiga: "Te digo que las relaciones fundadas en el Domfem, son muy diferentes a la vainillas, no hay lucha de roles y llegar al consenso en todo lo que se hace es mucho mas fácil y simple". No pretendo que desaparezcan las relaciones vainilla... ni las relaciones chocolate, fresa o coco... sinó que trascendamos los roles asignados durante generaciones y permitamos que sea la relación la que se adapte a los individuos, y no los individuos a las relaciones.


Feminización y transgénero


Hay una práctica dentro del BDSM que se conoce como feminización, de la que ya he hablado en alguna otra ocasión, y sobre la que me me gustaría profundizar un poco más. En general, esta práctica consiste en vestir de mujer al sumiso, haciéndole adoptar actitudes y acciones propias del rol femenino.

Entremezclados en esta práctica, podemos encontrar personas que pueden definirse como transgéneros. Para comprender un poco este tipo de situación y sus implicaciones, es preciso empezar con algunas definiciones:

* Anatomía sexual: Identificación física de los genitales como masculinos o femeninos.
* Identidad sexual: Asignación de un sexo en función de su anatomía sexual.
Identidad de género: identificarse con las conductas o roles sociales asociados a los sexos.
* Orientación sexual: atracción hacia individuos del propio y/o otro sexo.

Dado que el ser humano es complejo, hoy en día se empieza a aceptar que en el caso de sexo y género no podemos hablar de blanco y negro, sinó que existen numerosas tipologías, todas ellas absolutamente normales. Se considera entonces que una persona es transgénero, cuando su identidad no se adapta a las normas convencionales de lo que se entiende por femenino y masculino, encontrándose generalmente en un punto intermedio o intercambiado.



Hay que señalar que se solapan en este caso muchas otras definiciones, que pueden estar relacionadas con la identidad sexual, la identidad de género o con la orientación sexual de la persona. Por ejemplo:

* Transformistas o crossdressers: personas que cambian su aspecto, adoptando en del otro género/sexo, pero sin identificarse con él excepto en los momentos de la transformación, estando plenamente satisfechos con su identidad sexual. En estos casos se entiende que es una forma de manifestar o expresar una naturaleza psicológica femenina/masculina adicional.

* Travestis: personas que se identifican con el otro género, al que cambia en cuanto puede, buscando expresar esa faceta de su personalidad. En este caso, la identidad de género suele estar en entredicho, es decir, la persona no se identifica con los roles que se asignarían convencionalmente a su sexo. 

* Transexual: persona que además de tener conflicto con su identidad de género, presenta una contradicción en su identidad sexual, o sea, no reconoce como propio el sexo asignado debido a su anatomía. Existe por tanto una disconformidad entre el sexo biológico y el sexo social o psicológico, siendo necesario para estas personas someterse a una reasignación de género, que puede ser parcial o total, pero que en todo caso implica una modificación hormonal e incluso quirúrgica.

* Intersexualidad: personas que poseen características físicas de ambos sexos en grados variables (aquí entrarían los casos de micropenes, clitoromegalia, fusión de los labios genitales, absorción de los testículos, etc). Estas personas no se sienten pertenecientes a un género concreto, lo que les produce transtornos de identidad de género y/o sexual.

¿Qué se esconde tras la feminización?

Últimamente me ha sorprendido el encontrarme cada vez más personas (hombres) que buscan la práctica de la feminización, y eso me ha llevado a plantearme qué podía estar sucediendo ¿es algo habitual? ¿tendrá que ver con esa excesiva identificación con los roles sociales que está llegando a su fin? ¿es que los hombres necesitan explorar su parte femenina? ¿o es simplemente poner de manifiesto ese fenómeno transgénero para poder aceptarlo?

He conocido personas que son totalmente diferentes cuando se comportan en uno y otro género, y se podría decir que coexisten en su interior ambas personalidades, teniendo claramente puntos de vista y opiniones diversas. Son personas psiquicamente muy ricas, que se pueden llegar a sentir desconcertadas por la gran definición de sus identidades masculina y femenina. En la feminización encuentran ese momento para expresar esa otra parte de si mismos, fuera del entorno convencional. Hace unos cuantos años se hubiera dicho de ellos que tenían un desdoblamiento de personalidad. Creo que esos conceptos los vamos dejando atrás a medida que comprendemos que la psique humana contiene a la vez el principio femenino y masculino, y que su expresión física es cada vez menos determinante.

En otros casos, la feminización ha sido una forma parcial de reconocer la transexualidad a través de una práctica aceptada en nuestro mundillo, un camino para adentrarse en la propia aceptación y/o transformación. Dentro de un mundo en el que se aceptan inclinaciones y preferencias de lo más curiosas, el hecho de poder pivotar entre ambos géneros como parte de un juego, permite dar salida a cuestiones mucho más profundas en un entorno relativamente seguro.

Por otra parte, existe en otros la necesidad de sentir, de identificarse con la feminidad como parte de su adoración hacia las Mujeres, pudiendo llegar a producirse el caso denominado "Autoginefilia", del hombre que se excita ante la idea de vestirse y sentirse mujer, y se enamora de su propia imagen femenina reflejada en el espejo.

Hay quien argumenta que lo que le gusta de esta práctica es la humillación que le supone el estar vestido de mujer, el obligarle a comportarse como tal, y esto tiene mucho que ver con una forma de terapia empleada en siglos pasados, la "disciplina de las enaguas", que promulgaba los beneficios de la feminización como vía para conseguir apaciguar y reconducir las conductas excesivamente machistas y violentas. Quizá se pueda ver como una forma de equilibrar la balanza que está escesivamente decantada hacia el polo masculino, y se puede descubrir cierta paz o incluso excitación en encontrar ese equilibrio. 

En el momento en que seamos capaces de asumir que la personalidad humana contiene a la vez ambos géneros, y que su diferenciación es a menudo una cuestión social, podremos llegar a trascender los roles habituales y explorar más profundamente las características psicológicas que van asociadas a cada sexo, porque ambos al final son las dos caras de la misma moneda.

Ahora que estoy explorando más y más este tema, encuentro que la feminización es una vía de conocimiento del ser humano y al mismo tiempo un camino de evolución hacia un estado más fluído, más flexible, y por lo tanto más libre, del ser humano.


viernes, 2 de diciembre de 2011

Dominación en el cine: Bandidas (2006)


Y de paso la película completa por si interesa:



¿Quién teme a una Ama?

"Muchos, se dirá. Nadie, dirán otros. Sólo algunos pero ¿quiénes?. Una vez mi Señora dijo durante una cena que, en el mundo vainilla, La habían acusado de ser demasiado mujer. Qué quiera decir exactamente eso de ser “demasiada mujer” no está en absoluto claro... pero creo que alguna idea tengo.

Hace pocos días me enteré de que a una buena amiga le habían dado su segundo plantón en el mismo fin de semana. Poco simpático, y también poco casual cuando le sucede con cierta frecuencia. Si no fuera por esto (la frecuencia), parecería del todo accidental. Pero no lo es: los plantones a Amas son bastante frecuentes, como si en el último momento les entrara miedo. Pero si los sumisos tienen miedo de las Amas, ¿de qué es?

Se puede tener miedo a muchas cosas. El miedo, según la Rae, es la “perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario. Es decir, por la percepción de un daño real, previsible o imaginario. ¿Pero de qué tipo de daño tienen miedo los sumisos?

Como decía, parece que existen varios tipos de miedos. Si se trata de alguien que no conoce el mundillo, las fuentes de miedo pueden ser infinitas... tantas como prácticas. Yo mismo reconozco tenerle miedo a algunas, pero no creo que sea una cosa esencialmente negativa. De hecho, el miedo responde al instinto de supervivencia más primario que nos avisa cuando nuestra integridad está en peligro. Pero, en este mundo, ese tipo de miedo se pasa tan pronto como se tienen ciertas experiencias... que no voy a relatar. Se trata en realidad del más inofensivo de los miedos porque no genera ninguna barrera que impida al sujeto hacer lo que quiere. Cada cual llega hasta donde llega, pero este miedo no impide no ir a ningún lado (a menos que se le tenga miedo absolutamente a todo, lo que no es muy frecuente).

Existe un segundo tipo de miedo a las Amas, o a este mundillo, un poco más complicado. Se le puede llamar miedo social, pero no se trata de miedo a ingresar en una sociedad secreta o en una secta, aunque algunas veces este mundillo se parezca un poco. Se trata del miedo al resto de la sociedad, a esa pequeña parte del mundo que desconoce completamente qué es este mundillo: la cajera del supermercado, el amigo de familia, el compañero de trabajo, etc. Este tipo de miedo tiene sus grados, pero puede llegar a alcanzar cotas inimaginables. Hasta el punto de evitar encontrarse por la calle con alguien del mundillo aunque se esté solo, como si ambos llevaran la letra escarlata en el pecho.

Pero donde genera más problemas este miedo es precisamente a la hora de “tomar un café”. Se trata de un miedo similar al que tiene quien engaña a su pareja pero es infinitamente mayor, como si por el hecho de enmarcarse en una relación D/s uno se convirtiera en completamente transparente, como si todo el mundo supiera qué tipo de relación existe entre dos personas completamente anónimas tomando un café. Y tengo la sensación de que es ésta la gran fuente de plantones.

El tercer tipo de miedo es precisamente el de la secta. Como es bien sabido, cuando alguien emprende una relación de este tipo se convierte en un zombie sin voluntad... y a nadie le gusta caminar tan lento como lo hacen los zombies... Fuera de chistes, este miedo atenaza sobre todo a las personas que se acercan por primera vez a este mundillo, que piensan que ciertos ambientes de este mundillo implican directamente la deshumanización. No niego que puedan existir ambientes de este tipo, pero no creo que sean la mayoría sino una franca minoría. Este es el miedo que sufren muchos de quienes mantienen este mundillo dentro de la pantalla del ordenador. Desde luego, también los que dan plantones pueden tener este miedo, pero quienes dan plantones ya se han pensado seriamente superar las barreras del ordenador, cosa que quienes sufren esta variante ni siquiera imaginan.

Más complicado es el cuarto tipo de miedo. Complicado y molesto porque presupone importantes expectativas. Es el miedo no a convertirse en un zombie pero sí a dejar de ser autónomos. La autonomía, la capacidad de decidir qué quiere hacer uno y bajo qué reglas en todo momento, es un bien de los más preciados, y todos nos cuidamos mucho de perderla. Para poder decir que es un miedo y no simplemente una precaución de lo más racional, supongo que me toca decir que en una relación D/s la parte sumisa no pierde autonomía. También podría intentar defender la cuadratura del círculo pero no me parece el caso. Pero vayamos por partes porque de este tipo diferencio dos subtipos.

En primer lugar, está el temporal: no se tiene miedo de una relación D/s siempre que esté delimitada a cuatro paredes y a horarios estrictos. Como quien dice, de 3 a 5, pero ni se te ocurra saludarme efusivamente por la calle (mezcla con los miedos segundo y tercero) ni, por supuesto, se te pase por la cabeza que tienes algún poder sobre mí a las 5:01.

En segundo lugar, el relacional: se tiene directamente miedo a que una persona pueda pretender mantener una relación en el que la D/s sea una componente seria. Aquí no estoy hablando del 24/7 – nunca he tenido muy claro en qué consiste exactamente – sino en que se construya una relación de pareja a partir de la D/s.

La primera variante crea un cierto sentido de instrumentalidad entre las partes: en el mejor de los casos, cada una de las partes encuentra un medio en la otra para satisfacer necesidades y/o instintos. El problema viene cuando solo una de las partes ve así la relación, y la otra tiene expectativas más altas. Y es que también para l@s Dominantes es fácil sentirse, sencillamente, utilizado. En este sentido, es como el de los amantes que simplemente quedan para hacer un poco de ejercicio.

La segunda variante es un poquito peor porque no es un problema de límites temporales, sino de otro tipo. Es el miedo a entrar en una relación que puede ser exigente. Que es, seguro, exigente. Trataré de explicarme. La gente asume en ocasiones compromisos que tienen una cierta exigencia: por ejemplo, tienen hijos. Y tener hijos, al menos en la mayoría de los casos, implica haber asumido que la vida de uno va a cambiar, y que va a perder autonomía. Al menos durante los primeros meses, uno sabe que va a dormir poco, que se acabó lo de ir al cine y que va a estar permanentemente pendiente de las necesidades biológicas de otro. Y eso es solo los primeros meses. Bueno, esta última variante de miedo es parecida a la de quien no desea tener hijos por todo lo que ello comporta: aunque tal vez se encontrara en una relación D/s, no quiere las consecuencias de una relación D/s.

Pero, ¿es posible una relación D/s sin las consecuencias de una relación D/s? Por supuesto, todo depende de qué entendamos por D/s. Creo, sin embargo, que la mejor manera de entender la D/s es la que supone una implicación total por parte de ambas partes. Sencillamente porque en otro caso tiene muy poca gracia: si alguien quiere meter una parte de sí entre cuatro paredes y que salga solo en esos momentos me parece bien, pero creo que se pierde algo de este mundillo. Así que si quieres una relación de este tipo te comprometes con ciertas consecuencias.

¿Merece la pena? Pregunta mal formulada: si la pregunta es ésta, entonces se ha entendido poco porque ella misma presupone ya un intercambio, como si se entrara en este tipo de relación para entregar algo a cambio de otro algo. Toda relación está basada en la reciprocidad pero en una relación D/s la cosa cobra tintes un poco particulares.

Primero porque la parte sumisa entrega algo o todo a una persona a cambio de su felicidad. Pero dicha felicidad no está en lo que se devuelve, sino en el entregarlo todo. Claro, la persona Dominante que recibe tiene que ser capaz de apreciar ese todo y no puede mantener a la otra persona en la miseria pero la parte sumisa encuentra el disfrute precisamente en esa entrega. Lo que no significa dejar de ser una persona sino en darse a otra persona: pensar en agradarla, cuidarla, desearla, y que a uno se le ponga una sonrisa cuando su Dómina se siente feliz.

Segundo porque la parte Dominante encuentra su felicidad precisamente en que alguien se le entregue, que deposite toda su confianza en ella, pero no porque esto implique una relación de intercambio. Dicho de manera muy anti-D/s: el sumiso no se convierte en un instrumento del Dominante sino que el disfrute se encuentra en que alguien sienta el deseo de convertirse en un instrumento con tal de agradar a su Dominante.

¿Asustados? Pensar en supeditar el propio placer de una persona al Suyo precisamente porque ver su sonrisa nos produce un inmenso placer supongo que puede asustar al más pintado. No es algo que uno pueda querer: es solo algo que uno puede sentir. ¿O no?"

machiavelli {AmAly}


Un análisis muy interesante de los miedos que se pueden sentir siendo sumiso, y me gustaría hacer un inciso sobre las causas por las que creo que alguien puede dar plantón a una Ama por un simple café.

Existe una causa que creo más primaria aun que todas las expuestas, y es el miedo a ser lo que se es, es decir: asumir que se es sumiso. En una sociedad en la que se potencia la competitividad, la ley del más fuerte, sobresalir en el entorno social, ser quien manda en definitiva, puede dificultar a la persona sumisa el aceptar que esas “cualidades” no se le puedan aplicar, muy al contrario, suelen ser actitudes que les incomoda. Eso no quiere decir que las personas sumisas no puedan tener éxito o destacar, ser asertivas o incluso liderar, pero que su naturaleza afectiva no se corresponde con ese patrón. Un porcentaje elevado de plantones a esos cafés los atribuyo a este miedo, a que es un paso real hacia admitir lo que realmente se es.

Otro porcentaje lo atribuyo a que existe un grado de impaciencia elevado entre los sumisos que aun no han tenido una experiencia real, y están deseando saber qué se siente (en el mejor de los casos), o llevar a la realidad sus fantasías (en la mayoría de los casos). Y es que al principio, cuando uno se acerca a la D/s lo hace desde sus deseos, y no es hasta que ha vivido una relación D/s que no puede empezar a darse cuenta de que es algo más que satisfacer o ser satisfecho. Estoy convencida de que en el último momento muchos prefieren quedarse en el marco seguro de sus fantasías, donde las Dóminas que imaginan se comportan tal y como esperan que lo hagan.

Además tenemos los casos de los que viven el BDSM con total discreción por sus circunstancias personales, es decir, que si van a un café más o menos céntrico se exponen a ser vistos con alguien que, a todas luces, parece que tenga un cartel de neón en la frente anunciando su condición de Dómina, lo que les pondría en un verdadero compromiso caso de ser reconocidos por alguien. Dicen las leyendas urbanas que hubo un caso una vez en el que una Dómina se presentó vestida de cuero, con botas altas y supongo que llevando un potro a cuestas para dar una buena primera impresión.

A partir de este punto pueden haber muy variadas razones para los plantones, como el caso de un individuo que se dedica como diversión máxima a quedar con las Dóminas y plantarlas, para después volver a ir detrás de ellas y volver a conseguir quedar... la verdad es que hay morbos que no me caben en la cabeza, y el de este individuo aumenta cuantas más veces consigue engañar a la incauta (esto es un caso real, no es una leyenda urbana, patético pero es así).

Después están los que buscan el “café sustituto”, o sea, los que quedan para un café pero en realidad lo que quieren es llevarte a la sesión después (es que lo de llevar al huerto no se aplica demasiado en este mundillo, como mucho llevar al potro...). En estos casos, el café se convierte en una pesadilla intentando convencerte de lo bien que lo vas a pasar jugando sin compromiso, simplemente porque ya que habeis quedado pues porqué no aprovechar ¿no?. Este sería un caso más del “yo sumiso, tú Ama, pos ya ta todo dicho”.

Por supuesto que al final de la lista quedarían los que realmente tienen una razón congruente y válida para no poder acudir, pero en la mayoría de los casos, nos encontramos con personajes que suelen tener varios padres, madres, abuelos y abuelas que repentinamente se encuentran mal, o atascos y obras en lugares muy convenientes, o en una era como la actual, en la que las comunicaciones son posibles casi hasta por telepatía, pues quedarse sin batería, sin móvil, sin agenda, sin tarjeta SIM y yo diría que hasta sin memoria.

Mi consejo es que, antes de quedar para un café, hablemos mucho con la otra persona, que aunque no sea garantía de nada, ya es un qué, y que si aún después de tantos plantones aún nos atrevemos a quedar, que llevemos un plan B siempre en la manga, como irnos de rebajas, a visitar a una amiga o a visitar alguna exposición, que el tiempo es oro y hay que aprovecharlo.